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que no hay medio de que les rinda cuentas de seis mil ¿Conoces eb cuento de las codornices? Nos lo repesetas que le entregaron hace mes y medio para co- firió muy donosamente el Dr. Thebuscn la última vez locarlas en un negocio que al principio parecía pre- quo comimos juntos en casa de im excelente amigo. cioso, pero que le va dando muy mala espina. Tratábase en el cuento de un señor que convidó á De esta suerte nos entera de todas sus preocupa- almorzar por vez primera á un colega, y al servil ciones personales dándonos, eomo ves, una pruel) a luia fuente donde había tres codornices, puso una de confianza, que sería más de apreciar si no se la al convidado y él echó en su plato las otras dos. diera igualmente á todo el género humano. -A usted le extrañará seguramente- -le dijo nuiy Los que pacientemente aguantamos el chaparrón serio- ¡ue siendo usted el convidado no le haya dede confidencias no liaccmos n) ás que mirarnos los jado más que mía codorniz, mientras yo me he serunos á los otros, y el que más y el (ue menos no A ido una areja; cro deljo advertirle (pie tengo piara piensa más que en ii) rovecliar la jrrimera clara de hacerlo tma razón muy poderosa: ¡í, a de qae me esta lluvia para levantarse y ponerse en salvo. gustan nuicho I Xo se te ocurra. Consuelo, prodigar tan efnsi -a; Quién podrá dudar de lo poderoso do la razón, niente tUiS intiniidad. es com- esta Iriicna señora y haz- desde el punto de vista del apetito? Ahora, desde el te siempre cargo de ¡itc iodo lo (UC tienen diO intere- de la cortesía, excuso decirte á la altura que queda santes ara la familia, ó las personas de gran inti- el argumento. uiidad, tienen de aburridas para los exrraños. Otro ti o curioso y estudiable (luc or acá tenemos En todo lo que se refiere á la educación y á la cores i íartija. la niña menor del residente de bt. l) itesía, hay en primer térndn. n VAVA subordinación de uíación. endrá á tener ha, sta iiez v ocho nrimavelo que particularmente nos interesa ó nos agrada á ras. p ero i) or el enq) aque, el desen. íado y la frescura lo que i) ucde agradar ó interesar á los demás. Cíui que se produce, arece que lia pasado por ciuirenta navidiades. ilaruja tiene un tii) ito menudo, fino y delicado, como una muñequita de Ijiscuit, ¡ue contiTiSta con su espíritu y su genio, porque es desenvuelta, atrevida y burlona y tiene la pretensión dic tener -acia. Este es su mayor defecto, cultivado or su familia, ¡ue es la primera en reírse de los chistes. E. s el cloi ii de toda visita en que se encuentra y larisa general acompaña todos sus dichos. Unos se ríen (ie lo ue dice, otros se ríen de ella. A la interesadale satisface plenamente esta misiÓMi de divertir al púl) lico ¡ue se ha imi) uesto y no se le ocurre pensar en el efecto que á todo el mundo hacen sus frecuentes y mortificantes inconveniencias. Todo lo que se la critica le es indiferente: la cuestión es hacer reír á costa de todo y de todos. Para completar estos botones de muestra, quiero presentarte á las señoras de Hormiguillo, ¡ue yo llamo en mi fuero interno las de Ripalda. por ue ¡re- guntan más que el Catecismo, i l i mote no ha salido de mi pensamiento, y los burlones de por acá las llaman el Trihunal de examen, porque son una madre y dos niñas que, en cuanto te ven, te asedian con un diluvio de preguntas. Como si tuvieran contigo parentesco ó amistad tan íntima que justificasen la confianza más absoluta, te interrogan sobre todas tus interioridades y acerca de tus opiniones y de tus planes y de tus esperanzas, y si eludes, discreta y hábilmente, una contestación ca- tcgórica sobre lo que no te parece oportuno revelar, insisten, argumentan y tratan, eti fin, de arrancarte la confesión sobre lo que no les importa. Segura estoy de que al leer esto que te escribo reniegas, como yo, de esa gente que cree que la conversación en visita debe ser un modo de aburrir y disgustar á nuestras relaciones, y creo además que al conocer estos cuantos tipos que brevemente te desCeder el lugar preferente ó el sitio más cómodo cribo, habrás ido diciendo: i Ay, cómo se parece á es rm hecho material de cortesía, y en la esfera moral E ilanita! ¡Vaya! Este es el vivo retrato de Mengahemos de proceder de un modo análogo y hacer siem- nita Sí, Consuelo, sí. Seguramente tienes por ahí pre esta cesión, esta renuncia del bien propio en fatipos como éstos, porque abundan. Eíjate en ellos, vor del ajeno. X o puede la conversación substraerse como el aficionado del cuento, y no olvides cjue lo á esta regda general, y la manera de agradar á los contrario de eso es el arte. Ser agradable es, después demás es hablarles de las cosas que les interesan, de todo, cosa bien fácil: basta con ño ser desagraanteponiéndolas á las que sólo á nosotros nos pueden dable, cosa en que parece ponen su estudio y su emimportar. Claro que es más agradable charlar de lo pello muchas personas. que se. nos antoja sin tener que jíonsar en lo que á Me falta el papel para ponderarte todo lo que te los otros les será más grato, pero el egoísmo no es quiere tu tiíta, Clara. ni será nunca regla de cortesía. Por la copia, CARLOS LUIS DE CUENCA.