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Mucho le chocaba á Lucas la torpeza de su nuevo fogonero. Por disposición del jefe de Depósito, había tenido á última hora que aceptar aquel mal operario. Ni en sus maneras, ni en su desenvoltiu- a se adivinaba en semejante substituto al hombre conocedor de stt oficio. Parecía que jamás hubiese sido fogonero personaje tal. Y así era en efecto. Por uno de esos p- olpcs de audacia que habían consolidado la reputación lc nuestro detective, se veía Xic sobre la plataforma de la locomóvil. Descoso de prestar un despampanante servicio, habíase disfrazado de fogonero y saltado á la máquina, f. os antiros que estaba pasando frente á la caldera eran tibios. Aquellos largos hierros, aquellos pinchos jiara rascar el interior del horno, le parecían instrumentos infernales. No hacía más que ir v venir, beber agua del colgado l) otijo y llenarse la cara y las manos de carbonilla v de aceite. La noche había cerrado. líl ex reso dcslÍ 7, ál) ase como un monstruo encendido á través de los desiertos campos. líl fingido fogonero espiaba al maquinista sin quitarle ojo. IAICÍÍS miraba de vez en cuando hacia los lados de la línea. La escena íbasc poniendo fúnebre... De pronto, unos farolillos agitados á distancia nidicaron á Lucas la presencia de los salteadores. lira, sin duda alguna, la señal convenida. Nic- Pery- (íut armóse de valor y sangre fría. ¡Disminuyamos la marcha! -dijo imperativamente el maquinista. ¡Pa el gato! -respondió Nic, dándose a conocer y dándose prisi á soltar los frenos para que el tren volase en vez de detenerse. -i Ah, miseral) lc policía! Me lo había figurado- -rugió el negro conductor de la locomotora Lucas, viéndose perdido, quiso cerrar el regulador, pero antes que udiesc conseguirlo, Nica. nor le echó la mano al cuello, emi) czando, á partir de aquel instante una encarnizada v fantástica lucha cuerpo á cuerp dos los esfuerzos de Nic tendían á evitar que laucas l) udiese maniobrar el regulador. Ln una de las peripecias de la lucha, Nicanor pudo, por fin, sacar su revólver, y alzándole en el aire, vino á enfilar el cañón solDre la ca 1) C 2 a del maquinista. -i Mucre, perro traidor! -gritó Nic, haciendo fuego con cortera puntería. Lucas cayó pesadamente sobre el pasamanos del ténder. La bala del deteetive le había atravesado el cráneo. Pery- Gut pudo observar que los cómplices de Lucas huían con stis farolillos hacia un bosque inmediato. Pérez resiJÍró satisfecho, y abriendo la. compuerta de la hornilla, sacó un rojo tizón y en él encendió el consabido cigarrillo de los grandes triunfos... ...Pero el tren seguía volando y Nicanor, al volver (le su vanidoso ensueño de triunfo, hallóse frente á frente con la realidad. ¿Quién era capaz de detener el convoy... Pérez no sabía una palabra de mecánica. De todos aquellos tornillos, aquellas llaves, aquellas palancas, cuál era la ¡ue había que tocar para cpie el tren se detuviese? Los saltones ojos del muerto parecían amenazarle. El cadáver sonreía viendo el apuro del detective. Nicanor tocó todos los resortes. A cada manivela oprimida respondía un ruido distinto ó un escape de vapor, pero el tren no disminuía su carrera. Estaciones, casetas, poblados, pasaban rápidos ante el asustado polizonte. El cadáver de Lucas, siempre presente, acabó por azarar de tal modo á Nic- PeryGut, que éste cerró los ojos y esperó los acontecimientos... El convoy hízose astillas al descarrilar á la salida de una curva. Todos los viajeros, excepto Nic, que logró tirarse de la máquina, quedaron sobre el campo. Ni uno solo se libró de la muerte. Pero esto en nada disminuye el mérito del gran servicio prestado por el cnúltimo de los detectives. A no ser por Nic, todos los viajeros hubiesen sido íi, tí El tren corría veloz llevando en su seno la muerte. Dos hombres se agredían con furia sobre la plataforma de La Esmeralda La máquina, sin frenos, era á su vez campo de una lucha desenfrenada. Los momentos eran solemnes. Si el tren paraba, todo estaba perdido. Por eso to- robados. La desdicha hizo que hallasen la muerte, pei- ü sus herederos no perdieron un solo céntimo. Y entre esos mismos herederos se agita la idea de condecorar á Nic- Pery- Gut. Bien se lo merece! i Es mucho policía este Gutiérrez! Por el mismo, L u i s iiTT OA- PTA.