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NIC PERY- CUTI ELPer ÚLTlHo B Lo 6 DETECTIVES EL T R E N EXPRESO i.oi5 a Prensa de la capital empezábase á hacer eco de la escasa seguridad de que se gozaba en los ferrocarriles nacionales. Hacía ya varios meses que una numerosa banda de salteadores merodeaba por las lincas férreas, deteniendo con audacia los trenes y despojando de sus riquezas á los viajeros. Nic- Pery- Gut, que oía leer tan fantásticos relatos, ardía en deseos de prestar un hondo servicio á la humanidad, acabando con aquella cuadrilla de bandoleros. Nicanor conocía perfectamente todas las líneas. Como viajar, no había viajado mucho. Tan sólo dos veces había estado en Aranjuez y una en Arganda. Pero tuvo buen cuidado nuestro sagaz detective de adquirir la Guía Oficial y aprenderse de memoria tcdo el servicio de trenes y los principales itinerarios. Por eso decimos que el gran Pérez conocía todas las líneas, y si le interrogabais por las de menos importancia, os las recitaba de memoria, saliendo de su boca, uno por uno, todos los ramales Otra gran condición tenía Nicanor para prestar el servicio que se proponía. Y era la gran cantidad de conocimientos que entre el personal de ferrocarriles disfrutaba. Precisamente á estas amistades debió Nic- PeryGut la casual circunstancia de enterarse del golpe que contra el expreso 1.015 preparaba la fatídica banda de malhechores. Niceto López Ternilla, factor de gran velocidad, y Toribio Gómez Crespo, fa? tor de doble pequeña, eran íntinos amigos de Nicanor desde cierto día en que Pérez retiró de los muelles una mercancía sin pagar almacenaje. Conservaba nuestro policía aquella doble pequeña amistad como oro en paño. Concurría con Niceto y Toribio á las tabernas próximas á la estación, y gracias á tan continuo trato, pudo el más listo de los detectives sacar el ansiado producto de ambos factores. No sabemos si fué primero Niceto y después Toribio, ó si fué primero Toribio y luego Niceto (cosa indiferente, pues el orden de factores no altera el producto) lo cierto es que ambos cantaron al oído de NicPery- Gut el golpe que contra el tren de lujo núm. 1.013 frag u a b á n los salteadores, de acuerdo con el maquinista encargado de conducir el citado expreso... No quiso saber más nuestro bravo Nicanor. Des- pidióse de los beodos y dirigióse rápido hacia el delíósito de máquinas, meditando un plan, como suyo, ingeniosísimo. ¡Me las pagarán esos granujas! -decíase á sí mismo. -A fe que no ha de valerles su combinación con Lucas el maquinista. ¡Ah, traidor! ¿Conque detener el tren á una señal convenida para que el asalto sea más fácil... ¡Ya os daré yo asalto! ¿Que los bandidos son gentes de muchos ríñones... Mejor. No importa. Y Nicanor seguía tranquilo hacia el depósito con la única idea de hacer fracasar el golpe preparado por aquellos salteadores... de ríñones. En la estación de partida, La Esmeralda máquina del expreso 1.015, resoplaba con furia, impaciente por emprender vertiginosa carrera. Lucas, el maquinista siniestro, empuñaba la palanca del regulador. A su lado, un tiznado fogonero limpiábase las manos con las estopas características del oficio. A lo largo de los andenes, un enjambre de viajeros y viajeras se agitaba subiendo á los lujosos coches. Por fin una campana dejó oir sus broncos sones y un agudo silbido de la locomotora hizo temblar los cristales de la abovedada techumbre de la estación. La mole empezó á moverse; la máquina lanzaba, á intervalos, rastreros chorros de vapor, y la chi- menea respiraba con intermitentes bocanadas de humo blanco. El tren expreso 1.015 estaba en marcha.