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PROTESTA Siento un poquito de rabia, lo declaro con franquesa, siempre que escucho lo sabia que es mamá Naturaleza; pues como no pasa día sin sus bromas pistonudas, sobre esa sabiduría van engrosando mis dudas... Tanto, que creo imposible que siga el bombo adelante, y que será preferible tenerla por ignorante; y así la disculparemos achacando á su ignorancia los males que padecemos por su fiera intemperancia. No quiero pasar revista ni detallar esos males que forman la enorme lista de las cosas naturales. Bien que sólo su resumen justo, preciso y exacto, me ocuparía un volumen grande, nutrido y compacto. Y acoto para mis fines las cosas desesperantes que llaman los boletines enfermedades reinantes... Si de tan molesto modo nuestra existencia se arrastra. Matura, madre de todo, tiene cosas de madrastra... ¡Dónde su ciencia infinita, ni sus amores perfectos, que no conoce ni evita las causas ó los efectos? Allá va, para lucirme, una, entre varias ra. zones: ¿quieren ustedes decirme por qué tenemos pulmones? Resulta que nos ha puesto para respirar dos fuelles, ¡y envía el aire molesto que nos destroza los muelles Por ellos, al poco rato, su mutis hace la vida, pues tan perfecto aparato se desarregla en seguida; y al mirar cómo se altera, dan ganas de propasarse, pensando que sólo espera la ocasión de fastidiarse. El hombre, el ser celebrado, sensible, grande y profundo, con cualquier aire colado se cuela en ci otro mundo... ¡Pobre de él si al humanisnto de Natura se abandona... ¡Y pobre de él, como él mismo no cuide de su persona... Salga al mundo con llaneza la verdad de nuestros labios... ¡No es sabia Naturaleza! ¡Nosotros somos los sabios! Y corran estas cuestiones, muy propias para estos días: ¡Aquí, ó sobran los pulmones, ó sobran las pulmonías! GIL PARRADO. DlEUjO DE MEDINA V R