Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
¡ifp unos hombres se ocupaban del salsamento de las mercaderías que el buque transportaba. Hasta muy cerca del mástil llegó perpendicularmente la Mariposa soltando cuerda; oblicuó entonces y, colocándose paralelamente á la orilla, bogó con lentitud, mientras Chanito, ceremoniosamente, echaba al mar la tupida red Regresó la barca á la orilla conduciendo el otro extremo de la cuerda, y los viejos y Chanito, distribuidos convenientemente, comenzaron á tirar de las gruesas maromas del boliche. ¿Sabes tú que pesa, niño? -dijo Garabato mientras secaba el copioso sudor que bañaba su rugosa frente. ¿Me lo va usté á desí á mí, que estoy doblao de jala? Pesa la re como si viniera carga de malas consensías. -Escucha: ¿qué le pasa á los tíos aquellos de la barcaza? Parece que nos están jaciendo señas. Habrán visto que viene er copo cuajaíto de corvinas- -contestó el de los Rizos. -Dios te oiga, Chanito. -Jale usté, señó Garabato, que hablando no se jase na, y aquella banda nos está tomando la delantera. Y con más ahinco y animándose mutuamente con gritos y con frases grotescas, los de uno y otro lado tiraban de las húmedas cuerdas con ardor entusiasta. La red se acercaba muy pausadamente á la orilla; su hilera de pequeñas boyas se distinguía ya con perfecta claridad, y Garabato, radiante de júbilo, vio cómo á su paso burbujeaban las aguas. ¡Josú! -exclamó Chanito. ¿Ha diquelao usté? ¿Qué es eso, Chanito? -Pues eso es que tiene má: de cuarenta kilos la corvina que hemos atrapao. ¡Vaya un coletazo! -i Duro, muchachos, que ya está ahí! -gritó Garabato recordando sus buenos tiempos. ¡Duro! -repitieron todos jaleándose. Y unos segundos despucS; las primeras mallas del boliche llegaban á la orilla. ¡A tierra el copo! -dijo triunfalmente Garabato. -D ¿prisa, que viene rompió y pue escaparse lo que irae- -añadió Polonio. Y tras inauditos esfuerzos, llegó el copo á tierra, y Garabato, con ojos de estupefacción, vio que en el fondo del mismo habia algo informe que se agitaba furiosamente revolviéndose entre las algas; pero no era la apetecida corvina de escamas de plata, no; era un buzo. Tan cerca del barco perdido había echado la red Chanito el de los Rizos, que el pobre hombre que buceaba tranquilamente había sido envuelto por el copo y arrastrado quieras que no á la orilla. i Así gritaban los de la barcaza! ¿Es ésta tu pesca milagrosa, mardesío? ¿Esta es la corvina de cuarenta kilos que venía en er copo, sinvcrgonsón? -exclamó Garabato. -Es que yo... -Tú lo que eres es un infundioso mu grande, y esa toría de la pcntccosté ó como se Heme, es otro infundio, ¿te enteras? ¡Cómo! ¿Pero ese patoso ha tenido la culpa de esta esaborición? -inquirió el buzo, libre ya de amarrijos. -Pues, toma... Y levantando su enorme manopla, dio á Chanito el de los Risos la bofetada más grande que vieron los nacidos. Rodó por la arena el pobre mozo, pero incorporándose ligero, huyó playa abajo, sujetándose la mejilla dolorida. Y entre tanto que el belicoso buzo continuaba sus protestas y los de la barcaza, ys. en tierra, armaban la primer bronca al desventurado Garabato, Chanito, siempre corriendo, decía para su capote: ¡Chavó y qué guanta m ha dao! Ahora sí que creo yo en firme en la mentensicosi, porque el hombre que es capá de da una gofetá de este calibre, debe de tené dentro e su cuerpo el alma de un mulo. í PEBSO MUÑOZ SECA. S) I i l J S S! YEnSUGO i. fMO