Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
pesca ocho ó diez marineros aún más viejos que él, y esta semejanza de edades estaba rauy claramente justificada, porque el muy tuno no abonaba á sus hombres u n jornal fijo, sino que les pagaba en con las utilidades que se obtenían, y como de ordinario eran éstas tan ridiculamente escasas, la gente joven buscaba empresas de mayores lucros, y únicamente los ya casi inutilizados por los achaques ó por los años se prestaban á completar la tripulación de la Mariposa. Y Ir. sta los viejos estaban ya cansados de la mala estrella del Garabato; tan cansados, que Polonio, el más decidor de todos ellos, jugándose el oco pan que ganaba, afrontó la cuestión una mañana y dijo á Garabato, con su hablar pausado de siemore: -N o le des gúertas, P e d r o es mala pata que te persigue; no ties tú suerte ja echa la r e aonde la echas, párese como que ha habió un caso de tifus, porque ni en seis millas á la reonda se ve una mardesía mojarra. E s que en esto de la ma hay que tené suerte y puntería, porcjue si calas la re aonde no hay na que pesca, es lo mesmo que si te sientas aonde no hay asiento, que te pegas un jardaso que te jases porvo el... el amor propio. -N o es mala sombra, Polonio; es ue la ma está vacía; que esos condenaos vapores e esca han acabao con to er pescao, ¿no te acuerdas tú de enantes? ¿Q u é me vas tú á contá á mí de enantes? ¡Si sabré y o Enantes- -repuso Polonio en uno de los graciosos arrancjues (jue le habían hecho ol ¡tener cierta celebridad- -ni siciuiera había que embarcarse pa pesca; estaba uno en su cama muy tranciuilamente y, de pronto, tan, tan, dos ardabonasos. ¿Q u i é n e s? U n sarmonete y no tenía uno más que alevantarse, abrir la puerta y echarlo en el capacho. -Vamos, Polonio, que estoy hablando en serio y con las tripas mu negras- -contestó Garabato frunciendo aún más su ya arrugado entrecejo. -P e r o ¿crees tú que me chungueo? Lo que te he dicho es una comparanza y un supone, y lo ue ahora voy á decirte es otro supone que no debes de echa en saco roto. -Di lo que sea. -P u e s que si tú (juieres varia de fortuna y conseguí c ue sarte pa tos una gúena ventolera, debes de contrata hoy mismo y á jorñá fijo á Chauiío er de los Rirjos, porque es cosa más que sabía que re ue echa Chanito, re (jue pesca hasta reventa el COJJO. en la Mariposa y remando á compás se alejaron tranquilamente de la orilla. ¿Aonde quieres que vayamos, Chano? -preguntó Garabato casi resplandeciente de alegría. -Allá abajo; í la punta del castillo; en el claro c las piedras; aonde está ese barco que se perdió días pasaos, cuando la turbioná. -repuso gravemente el pinturero de Chanito hablando e. v eúthedra. ¿Crees tú c ue habrá allí argo? ¿A r g o? Va usté á ve ea corvina corjío la u Ha de esta barca. ¿Cómo lo sabes tú, niño? -i) reguntó uno de los viejos pescadores. -Suerte que tiene- -argüyó otro. -Deje usté la suerte á un lao, señó- -respondió con acrítttd Chanito. -Po sé por (ue lo sé... porque yo pertenezco á una serta, y sé una toria iue er que la sabe pue viví sin cudiao. ¿Y qué toría es esa? Pue saberse, Chanito? interrogó Garabato. -Sí, señó; ¿han oído ustedes habla de la mcntensicosis? Pues ahí duele. Los tripulantes de la Mariposa cpiedaron boquiabiertos. -L a mcntensicosis- -continuó Chanito, -una l alabríta ue me ha eostao sudores er decirla de corrió. ¿Y ué es eso, niño? -E r n mbre de la toria. ¿N o han oído irsledcs deci que las armas no mueren? Güeno, pues es verdá; ni mueren las armas de las personas ni las de los animales, ¿estamos? y como no mueren, lo ue jasen es ir de un cuerpo á otrt) y sin escoge vivienda; es deci, ue lo mesmo se mete en er cuerpo de un calamá el arma que fué de una persiana, ue en el cuerjK) de una perst) na el arma de mi bo uerón, pongo por caso. ¿Está esto claro como la luz? Gúeno; pues á mí lo que me pasa es ue tengo dentro de mí cuerpo el arma de un besugo, iJor ue José Antonio, er barbero, que es er Ue á mí ni ha enseñao toas estas torías, me lo ha dicho siempre: Chanito, tu arma es de besugo y por eso yo sé más tie nadie de las cosas (jne pasan debajo del a g u a or ue lo sé por reflejo, como dice José Antonio, y yo digo en a uer sitio hay una i) unta e escao, y se echa la re y se coge lo uc yo digo; porcjue lo sé, X) r (jue lo veo sin verlo, porc uc yo soy lo que soy, y or ue la mcntensicosis es más verdá que usté y que yo y iue tos los presentes. ¿Sabes ti i que es enrcao to lo ue acabas de contá? -dijo l olonio. ¿E n r e d a o? Pues ahora mesmo vamos á ve si es mentira ahí está ya el barco perdió á su veriía vamos á echa cs primer lance, y si no sacamos en er copo un par de corvinas de las güeñas, me corto los dos risos e la frente, ue es lo mesmo ue cortarme er mote que tengo. -Ea, pues mano á la obra- -dijo Garabato vn el utas animado de los tonos. -Arrima á la orilla pa (pie Polonio sarte á tierra con uno de los cabos. -Sí, señó- -agregó Chanito: -y va usté á reírse ahora mesmilo de eso ue cuentan de la ¡esca milagrosa. Saltó I olonio á tierra, conduciendo uno de los extremos de la cuerda á la que se une la red, y la Mariposa volvió á separarse suavemente de la orilla, bogando mar adentro. A corta distancia veíase el mástil de un pequeño buque que días antes había ene: dado, casi deshaciéndose, en las rocas de un peligroso bajo allí existente, y junto al mástil y en una gran barcaza, ¿E s verdá lo C ue dices, Polonio? ¡I ro si ese niño es más tonto que la yerbagiicna. -P e r o tie suerte, que es lo (jue á tí te farta con toa tu sabiduría. ¿S e r á posible? -Áonde él cala la re, párese que nace er jiescao. ¿T e n d r á argún misterio ese niño en 1 a vista? -Q u é sé y o él cuenta una teoría mu complica y dice que por mo de la teoría sabe cosas ue no se nos arcansan á los d e m á s pero sea lo c (ue sea, a cuestión es que no nuirra. -P u e s Chanito er de los Ricos viene con nosotros á ijcscá esta tarde, Polonio; míalas- -contestó Garabato juntando sus manos y jurando alegremente. -P o s refuerza los capachos, porcjue vas á jarlarte de pescao. Y, en efecto, buscó Garabato á Chanito; le onvenció mediante la promesa de un jornal casi triple del que ganaba á diario, y aquella tarde los ocho ó diez viejos y el de los Ricos embarcaron