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A N O XX M 4 D R I D 5 DE M 4 R Z O DE IQPO N U M oBB (FSSTT I fv r, LA DEDRO PESCA MILAGROSA aventurado patrón ¿c la Mariposa cogía en el amplio copo de su red hasta una docena de ku uadillas tisicíis y algún que otro calamar cluirrL Uí o y desmirriado Y era lo más notable del caso que Garahalo no achacaba nunca d su mala fortuna los reveces que le deparaba el destino, sino que, por el conlrarjo, pretendía siempre justificarlos con razones más ó nK nos vcroíimik s y convincentes. Unas veces era que el delfín ó la palometa, peces gordos merodeadores de las aguas costeras, habían ahuyentado con su voracidad á los peces pequeños. Uiras, que el a uaje excesivamente claro hacía que las astutas lisas y las pulidas bailas vieran el copo y escaparan por la laniíente, y otras, en fin, que al ¿dn mala leu nsa se habia díj nado nombrar al zorro, palabra que entre los supersticiosos pescadores es venero de malclicíos y desventuras, y no era posible por tal causa pescar ni siquiera un mal catarro. Acompañaban á Garabato en las faenas de la Macias, el patrón de la Mariposa, la barca que e mccra más gaÜardamenie en el troiío do mar que baña las playas del Puerto de Sania María, era lo que se llama un liombrc de malísima estrella. E r a viejo y pobre, dos grandes desgracias; se llamaba Pedro, desf; racia también de jnayor cuanlía y, por sí esto era poco, dieron en llamarle Garabato Y por Garabato llegó á conoccrlfi todo el mundo. N o le petaba el mote en cuanlu á lo físico, porque el bueno de Macias era fornido y casi allétíc o pero sí le venía como anillo al dedo en cuanto á la que de condición moral pueda tener e o que llamamos factor suerte, pues nada bi o ni nada emprendió el pobre hombre durante el transcurso de su vida que á la fiostrtí no le re ¿i. dtara un verdadero garabato. Diariamente salía de pesca, y mientras los demás compañeros de oficio llenaban i i barca: de doradas mojarras y plateados boquerones, el mal-