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Cruzando del campo la vasfa llanura hallé una zsgaia cavando el terruño; en la árida tierra, por el hielo dura, hendía la azada con rígido puño. Quépena tan grande me dio su hermosura con tal ejercíalo marchita y ajadal ¡Quépena y qué duelo mirar su figura aizarse y bajarse blandiendo la azada! SI sol que embellece rosados semblantes de damas que loman su lumbre ociada y aquella a guien daba sus besos constantes dejaba, Inhumano, la faz abrasada Qué pena que diera sus br. zos amantes al aire Infinito de aquellos desiertos Qué pena que abriera sus ojos brillantes de sueño velados y polvo cub: cr os DIOUJO D VAIIJ. L eguéine y le dije: ijZá lees u escribes? ¿Ssta n tus afanes ele medro des i rtos? ¿S) e un mundo más graí o las dichas concibes, ó guardas anhelos fallidos y muertos? ¿Jfo crees? ¿J o esperas? ¿Jleaso percibes da oída más propia ws nobles destellos? ¿Se amante cuidado as cartas recibes y beben ÍU: letras tus ojos ian be Iios? Jrguiósc la moza; miróme un Instan te Quitó de su frente to: rublos ar. bel os. Dejó que cayeran; bajó su semblante, y al llanto despacio corría tras ellos. S) cjéla allí sola, y de ella distante hacia ella de nueoo ooloí la mirada. Caoaba la tierra. Con cao oibrante üoiieando el terruño gemía la azada. RAFARL TORUÜMli,