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INVENTORAS ce CL PENULTfriO INgiPT DE: reCTI V ñ 3 EL COFRE E N S A N G R E N T A D O onaban 1 a s cinco de la tarde en el siniestro reloj (le la l uerta del Sol, c u a n d o Xic- ery- (iut, con la audacia en él habitual, saltó sobre una de las latafnrmas del tranvía de Chamberí por Hortalcza. Apenas instalado junto al torno, n: iró en torno de sí y dio con su mirada inquisitiva en los verdes ojos de hiena de Camarón. Camarón era uu rata de cuidado (de cridado con los rateros) que había subido al tranvía con ánimo de aligerar el Lono ines al viajero ciue se descuidase. -I Hola, berg- ante! -dijoconironía Pcry- (kit. -Por lo visto, andamos de negocio. Me alegro encontrarte, Y luego, elevando la voz, exclamó ic de modo C ue todos lo oyesen: -Este caballerito y yo tenemos que arreglar nuestras cuentas. Es un buen muchacho, pero algo alocado. Se empeña en no seguir mis consejos y empeñándose cada dia más, va á acabar malamente. Camarón, que odiaba á Xic, púsose lívido de ira y quiso tirarse del carruaje frente á la iglesia de San Luis, pero la férrea mano de Gut evitó que el criminal se lanzase á la vía, también férrea. Atenazóle con fuerza por el brazo, y luego, en tono burlesco, exclamó: -El señor sin duda se equivocaba y quería bajarse antes de tiempo. Tenga calma, que yo le indicaré cuándo ha de descender. Y luego, al oído de Camarón, murmuró estas palabras -Si te mueves, te abraso con el de reglamento. Un seguida, Níc encendió uu cigarrillo (esto de encender en los momentos culminantes un cigarrillo es muy de detective) y se puso á silbar una canción in- iJiJ -sr r,