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MUJERES DE FA JS M A D A M E CECILIA SOREL adame Cecilia Sorel... -en París cuando una mujer comienza á madurar llámasela madame la Otero ya no es la Otero: ahora es madamc Otero -Pues bien; madame Cecilia Sorel, primera actriz de la Comedia l rancesa, es una de las fi. 2; u: as de más relieve de la moderna sociedad parisina. L omo artista, no eclipsará jamás las giorias de la divina Bartet, pero como mujer, hoy todavía puc lc tenérselas tiesas con las más guapas. Su salón- -porq c Cecilia Sorel tiene un salón- es el más chic, el más envidiado de todo París. Es el último salón donde se han refugiado el esprit y el ingenio. Pero j ara entrar en el salón de Cecilia Sorel es preciso ser académico ó ministro. Allí no se quieren personajes de poco más ó menos. Lo curioso del caso es que muchos de los académicos no van al salón de la Sorel; pero, en cambio, ministros... ¡O h! ¡Ministros no falta uno! Esto os explicai á la influencia decisiva que Cecilia Sorel ejerce sobre los miembros del Gabinete. VA las vísperas de visita regia, cuando algún soberano anuncia su llegada á París, en el salón de Cecilia Sorel se organizan los festejos y los programas de las funciones de gala que han de celebrarse en honor del augusto viajero. La función en la Comedia Francesa es, naturalmente, un número obligado, y en esas noches de gran espectáculo, siempre se elige una obra del repertorio de Cecilia Sorel. ¿Para qué sirven si no las relaciones ministeriales? El secreto de esto no es más que una inocente coquetería femenil. La Sorel alardea de poseer una colección muy completa, si no ntimerosa, de regias fotografías dedicadas. Los monarcas que han desfilado por e! palco de gala de la Comedia Francesa han ofrecido á la hermosa artista sus respectivos a- V %l á retratos dedicados, tributándola así un discreto homenaje de admiración; y el salón de Cecilia Sorel se honra con tan preciosos autógrafos expuestos á. las miradas de la concurrencia eit cincelados y valiosos marcos. Y con esto es feliz... La hermosa Sorel contempla á solas aquellos retratos y vuelve á vivir horas de triunfo inolvidables... Su satisfacción es inmensa al pensar: ¡Todas las testas coronadas me han aplaudido! La primera vez que el ministro Briand entró en el salón de Cecilia Sorel debió quedar deslumhrado ante la mágica hermosura de esta mujer. Ella también, como mujer de talento que es, vio en el joven ministro un triunfador. Pero el feroz republicano, entregado á sus ideas, despreciaba la indumentaria, y Cecilia Sorel se propuso hacer de él un hombre chic... Los progresos han sido grandísimos. Ved hoy al anarquista de hace siete años... No le reconoceréis... Ya no usa cuellos ni puños góticos... Eso no es distinguido... Su levita es irreprochable; su frac, del más correcto corte... Sabe hacerse el lazo de la corbata con arreglo á los cánones de la elegancia y... i Dios me perdone... ¡Yo creo que hasta se perfuma el bigote para quitarle el olor á tabaco! Arístides Briand, presidente del Consejo de ministros, está desconocido. Ya es otro hombre... ¡Ya es un hombre chic! Pero no creáis que ha olvidado á su profesora y amiga... ¡Oh, no! El día que ante la Cámara hizo su declaración ministerial, al saber que le aseguraban en el Poder 300 votos de mayoría, el feroz anarquista saltó en su automóvil y voló á Saint- Cloud para dar la alegre nueva á Cecilia Sorel que, palpitante de angustia, le aguardaba en su casita de campo... París, benévolo, sonreía... JosE JUAN CADENAS.