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r, -e -j ít í; ú. H. éste; -pero ya que no sea más mía la casa aue quieres quitarme, tampoco lo será tuya. Y amontona febril ante la puerta y ante los muros y sobre las ventanas montones de paja y retamas secas, ramajos de carrasca, todo cuanto halla á mano. Y lo prende fuego. -Vamos- -dice cuando llega á ellos. ¿Qué hizo? ¡Ay, qué dolor! Ya la llama va creciendo majestuosa, a llegan hasta ellos los chasquidos de la madera agrietada, ya sienten el desplomarse de muros y techumbres, de batientes y de vigas. Al mirar una luz que encuadra el marco de una ventana en las casas del pueblo, piensa con gozo tío Sindo en la desesperación de su dueño. Ya la campana voltea incesante sobre la torre de la iglesia y sobre la espadaña de la ermita del camino en disconforme sonería. Un apagarse aparente de la llama, y á poco surge triunfante por entre los balcones y huecos, por entre el sobrado y la solana. Ya la tribu errante baja por la ladera opuesta al pueblo, resignada á pasear por los caminos y ventas el éxodo de su miseria y su tristeza. Ya bajan hacía el llano. Y el niño piensa que van, como la pobre princesita malograda, en busca de la felicidad que vive allá tras las montañas azules. Dejarán, como ella, sepultados sus dolores bajo la tierra obscura del vallo dilatado é interminable. Del otro lado suben gritos y voces angustiosas, como de gente que acude con presura. Ya es tarde. i Ahora! Con espantoso estrépito se viene abajo toda la fábrica de la casa, y un volcán hirviente de llamas alarga sus picos voraces, y un penacho de chispas se alza joj ante hacia los cielos como pregonando retador la señal indudable de su victoria. ANTONIO A N D I O N DE NUESTRO CO CURSJ D 2 CUENTOS. LEMA: CÓGILJ PULGUI, ABRJLl BOCA. -No, que estaba muy lueñe y murióse antes de llegar... -La Dobre... -decía compasiva la niña. -Ayer nos dijo usté que nacieron adelfas sobre la tierra que la cubría. -Si que nacieron. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. A dormir, que ya es hora. La niña besa la cara y las manos del abuelo; el rapaz, más que besarlas, las ensucia. Aquella noche no se ha acostado todavía la familia. Todos velan, todos miran asustados la tristeza y modorra del abuelo, antes siempre tan alegre y decidor. Algo maquina. -Conque, ya lo sabís- -dice al cabo levantando su cabeza venerable, -mañana nos echarán de aquí, de nuestra casa, porque nuestra y muy nuestra es, ya que todos los nuestros la habitaron. ¿Y hay justicia en la tierra? Simona calla, los niños no entienden. Tío Sindo se ycrguc de rei) cnte y da una orden imperiosa: Todos fuera. ¿Qué quiere hacer? La orden se repite enérgica. Pero por qué. Señor... La mujer llora, los niños lloran también al verla. Salen todos á la noche callada. Noche de amores, noche primaveral cuajada de estrellas tembladoras en el misterio de los cielos apagados. Llora el alma de la tierra el gozo de vivir. Trae el viento canciones dichosas; susurran los árboles secretos de su amor invisible. Suelta la lunaria lluvia de- su plata vaporosa, lloran las flores sus lágrimas de rocío. Y los niños y la madre se miran sorprendidosEI abuelo les ha mandado alejarse. -Me iré, nos iremos- -murmura la voz ronca de DIBUJOS DE CARLOS VÁZQUEZ