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CRÓNICA GRAFlC i J. 1 4 áí Desfile ante el Palacio Keal de los Cazadores que lucharon en Melilla. Fot. R. Cifuentes. Las banderas de los Cnerpos que Han vuelto de la campaña á la salida de los íunerales. Fot. Goñi. r abamos cuenta en nuestro último número del entusiasmo con que Madrid se aprestaba á recibir al Ejército victorioso, y ahora diremos que la realidad superó á todas las espei- anzas. Fué un espectáculo conmovedor y fortificante, al que contribuj eron todas las clases sociales, rivalizando en admiración y cariño hacia nuestros heroicos soldados. Las Corporaciones oficiales, las Sociedades aristocráticas, los artistas, los gremios. Jas cigarreras, los estudiantes, todas las representaciones, en fin, de la vida nacional, cubrieron de flores, de coronas y de vítores á los bravos campeones del honor de España. Un enorme gentío llenó las calles, confundiéndose con las tropas que desfilaban. Desde el Rey hasta el último ciudadano, todos los coraí; oncs vibraron conmovidos por un mismo sentimiento por la más noble y la más justa de las cansas. Lástima que un buen deseo equivocado privara al acto de su brillantez natural. Se había ordenado que las tropas de la guarnición no formaran en la carrera, para que el pueblo y el Ejército estuviesen en íntimo y fraternal contacto; y resultó que los soldados, prensados materialmente por la multitud, tuvieron que desfilar lentamente, á paso de camino, y no en la marcial y correcta formación, á los alegres sones de las músicas, que parecía indicada y propia de las circunstancias. Ello ha sido lamentable, aunque no disminuyera el entusiasmo del recibimiento tributado. Los jefes, los oficiales y los soldados recibieron el justo homenaje que se les debía. Después del desfile, cuando alguno de esos valientes ha cruzado las calles, ha sido saludado también por las gentes con sincero