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V ¡Ya lleg- an las horas tristes del invierno! Salmodia la lluvia su eterna pleg- aria de cristal; el viento silba en el retamo del árbol ya seco, y en las altas torres, la esquila medrosa y el buho agorero su canción hilvanan. i Ya llcsra el invierno! o no sé qué cs ecic de extraños misterios envuelven sus horas! El húmedo cierzo, la gimiente lluvia, el buho ao orero y la triste esquila parece que quieren, de todo lo muerto que yace olvidado traer el recuerdo. ¡Así tal vez sea! ¡Acaso que en esos melódicos sones de las horas tristes del glacial invierno, sus quejas dolientes nos mande lo yerto! i Así tal vez sea I i Ah... Quizá en ellos, tumbas olvidadas y amores perdidos nos hablen de un beso... ¡Va llegan las horas tristes del invierno! i Canción es la lluvia... ¡Plegaria es el viento... ¡Quién sabe. Dios mío, si es esc el lengua je de todo lo muerto... ANTOXTO ROr. Ll S ROIG. DinUJO OH VAIÍULA