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m i i N m 1 J V A k L i I t A -vía es la imagen de una sociedad erfccta donde todos viven felices, con los luismos derechos y deberes... E s posible, pero... jcómo está la sociedad! Desde que se prohibe fumar en el interior de los tranvías, los caballeros no ceden sus asientos á las señoras ni por un ojo de la cara, creyendo cpie ellas tienen la culpa de la prohiíjición... a que no el pitillo á su gusto, los ca! a 11 cros se fum a n- la galantería... Los niños pagan billete y ocu w. n poco sitio... Cuando entran tres ó cuatro á sentarse, el que más y el Cjuc menos los quiere llevar á su lado i ara ir á gusto. Y ésta es una de las pocas veces uc hace suyas las palabras evangélicas: Dejad que los niños se acerquen á m í! Auncjue estamos convencidos de cjue el tranvía moderno es de tracción eléctrica, cuando alguno de esos empleados de mal genio abusa de su em leo, creemos cpie no ha desaparecido la tracción animal... Colócate siempre en la plataforma delantera, ffiic es el último sitio visitado por el cobrador... Así te evitarás pagar el billete á los amigos, y en cambio puedes encontrártelo pagado. Cuando el tranvía pasa veloz, y no nos oye si le llamamos, y tras él corremos y por fin podemos alcanzarle, subimos en él con la lengua fuera... i pero otra nos Cjueda dentro! Si falta una sola persona para el completo, el Señor nos libre de una mujer gorda... aunque sea muy guapa! Son muchas las personas que llevan muy á mal ¡ue el tranvía sólo pare en las paradas y no cuan (lo á ellas les acomode... ¡Tienen r a z ó n l ü ideal sería ue nos dejara, no ya en la misma puerta de casa, sino dentro de nuestro propio domicilio. Después de pelearnos con un señor cualciuiera por cjuién debió subir antes, ó por el sitio que nos corresponde, etc. etc. ¡con qué gusto le oímos decir á la hora de p a g a r ¡T e n g o p a s e! Da carrorja di tnti llaman los italianos al tranvía... P o r ser de todos, tenemos que soportar respectivamente miestros malos humores y nuestros olores de la misma clase. P o r eso, mientras la humanidad no mejore un poco, hasta el espíritu más fraterno piensa en el coche propio cuando toma un tranvía. El cpic tiene prisa se olvida hasta de sus sentimientos caritativos... Así cuando va en la plataforma y oye llamar al prójimo desesperado... i se hace el distraído! Mal se va dentro del tranvía, y no rnuy bien fuera, pero ¡qué demonio... ¡peor se está debajo de las ruedas! GIL P A R R A D O D; BUJO D ES I