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m lili. ÍVMCQ REVISTA ILUSTRADA 7 CArmsTOso p L Ut, Kamüu no sabía bíiblar de otra cosa. Aqitd torazo. que durante trmtos aüos había sido el espanto de li mozos tu todas las capeas. su obsesión y su orj ullo. Cariíio ¿o fué su mejor altivo au único amor. Hosco y ctfuido para con lodu el nuinüo, el tín Ramón acariciaba con ternuras de madre á Curiñoso, y cuai do al terminar la loca orf ía de saii re llegaba el lora r p cubierto de heridas, al campo donde pastaba la torada, era de ver d amoroso cuitfado con que limpiaba los rasji urios abiertos en la dura piel por lús puyazos de los mo ns, la exquisita delicadeza con que sus manos callosas hur faban en los surcos s; inj? uhioleutD 5. impregnándolos de la maravillosa iiomada tjuc los cicatrizaba en pocas huras, Cariñoso. ¡Cariñosot- -le decía. ¿Qué te han Jieclio, bonito. r ué te han hecho? Te han liech pupa, Y tú, monhij bonito, ¿no has podido hacer rarnc- ÍPO 1 TCCTI 1O Cariñoso! ¿Quién habrá sido el lailrón que te ha pinchoo aqui? ¡Espera. ¡Quieto... f ¿Te hat o mal. Í Pobrccillo Cariñoso! V en tanto sus manos c irríau por el cuerpo del animal cubierto de heridas, el tio Ramón hablaba ¡nce. aiiLetneiile, aeariciánilrile coii frases amorosas á veres, recordáudolt: otras sus ha aüas. alentándole para que las reproduje- se. recnniinándole porque aquella tarde no había sabido pescar al vuelo á uíuguno de aquellos riio ancones y vengar en él todos los pinchazos recibidos durante la fiesta. ¡V nc no sabia Cí Ít ¡fisa iuicer estas cosas! Rara era la capea que terminaba bien para los del pueblo. Los ínO 705 se divertían, eso si. Molían á palos á Coriñoso y á sus compañeros de rle lo alto de las rejas el primer día. cuando cruzaba el encierro por las calles; acrihj 3l ab: Ln á puyados á las bestias durante las tardes de corrida- huniiienrto en ííu carne picas y navajas; apuñalaban materialmente a! pobre Carifwso fiue, como niEis temido, era lambién el más