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ijij 1 H imhJ- 1 LEY INEXORABLE C a c o se muero, e muere sin rL iuedi f- Hl señor loctrír conlest; con lili cslo de dcsconfiau a Í cuanlf i le rt rtintan por l; i Süínd du l uMi ft. y Inji víejit- s comarirt- conocedoivis de la yerbas i ue todo lo t u r a n no Tialbm Ue iirva para el caso, Le! ia visto tanihién un s lnduflor. ilt cuyo don divino st esperóla la. sah- aciiiti d e esa vidn juvenil q u e se í? tíii; ue poco á puco como iLÍnipLira í in aceite; y el saIuil: idor ha elevado lo5 ojos al crdo, (Lnido á entender íjuí sólo en u n iiiíla. qro hay ijue poiiet las esperaíJ as- -Faeo s e se muere iii reint- dio, La noticia de e s u des; íracía ha corrirlo por el pueblo, y en todas las casaí í) ispiró nij sincero y profundo senliinit iito... Porque en e. atos pueblos sencillos y patriarcales, aiín no alejados dtj la dorada edad q u e en IEIS ciudades parece una leyenda, el vecindario es como utia familia donde r e comparten las aletín a í y los dolores. V lueKO este FGCO ¡era un mocetón tan guapo y tan cumplido. J L omo uu modelo fué presentado siempre á los Ue olvidaban sus deberes, para encarrilarlos por la buena senda. Laii mozas casaderas sofiaron con él más de una e al sentir desde su Inimilde y casto lecho el paso de la ronda qUe alegra las desiértaos calles antes qne el gallo anuncie lus misterios de la media noclie. ¡Pobre mo o! (J ié f talidad le ¡la condenado? ¿Dónde adquirió ese mal que ningún médico puede atajar ni combatir? ¿Dónde adquirió t se mab. Su p íhre madre p u d o nverisuado. con ese instinto seguro q u e ab euta en la duli- ura Tnatemal- V ¡ó que aqnella! i e! na de su liijo, la única ala del ho. íjar. birjL o lienipo entrislecido por la muerte det padre, íbasé ap x poco á poco, hasta que dejó de brillarle en los ojos y de asom. irse á sus mejillas. Hl niozo siempre contento, siempre animoso y fuerte para el trabajo, siempre en posesión de esa esperauKa que se alínienta con la fe de los años tiernos, se convirtió insensiblemente en u n viejo. Hstaba triste y parco d e palabras sin gaiías de acometer la labor, y luecící sin fuer as para cumplirla... Quedábase en casa los días de fiesta esquivando el trato de las. j etites, y eon cualquier prete. Nto reliuía á sus compañero? que solicitaban su concurso para las pequeñas correrías nocturnas domk- la mocedad se olvida del trajín diario, V vino, por fm, la fiebre q u e consumió sus carnes y a í otó su. fuer ías, que puso en su mirada cl t: ti- ario fuc íO del delirio y pobló s u intranquilo s u e ñ o de visiones sombrías y angustiosas. Sí, sí- S u Faco estaba enamorado. ¡Enamorado! V quién era la mala pécora q u e así despreciaba al más íjentil de todos los mozos, que había de- ser el mejor de los mandos? Repasó la infeliz niujer la lista de las mo as del pueblo y no lialló iiiu nnn digna de aquel tesoro despreciado. No enc- -ntraba tampoco uua sola que no se sintiera orgnllosa del amor de Faco; pue recordando la i charlas francas, las discretas revelaciones, los yriiyectos íntimos, toda Q H historia secreta del pueblo exhibida en el comadreo, ella estaba s c i r a de que su líijo no llamaría en balde á ningún corazón, ¿Entonces... Una noche, al fin, el mismo Faco le hizo la confidencia... X o era de allí la moza, sino d e Otro pueblo, y en él la conoció el día de la fiesta, y tantas veceí como la expresó su cariño, alentado por tila, otrüB recibió iji iml ne ativa, jAquelIo era imposible! íOli si... í ¡Aquello no tenía remedio, V así ¡o comprende tambíéji la madre eiJiristecida y angustiada, repitiendo esa palabra fatal: imposible, -V dírií e sus ojos al cielo, como el saludador, pidiéndole que ponga un poco i k amor en el pec h o d e la in rata, Kse s e r l el milagro q u e salve á s u hijij, a m o s Faco vanio. s, ¡Ya verás qué pronto vas á ponerte bueno! (Jué, bueno, ¡Mejor que uunca, í Anda, toma esta tacita de caldo, ¡No luay que acó barda rst... I F l mo i. la obedece, sonríe tristemente, quiere apoderarse de aquellas palabras d e consuelo... Pero su pensamiento está lejos de allí, y no puede, ¡no puede! detenerlo, L a pobre madre procura ocullur su emoción, y le mira con ternura infinita, ¡Llora p o r d e n r r o con e í e llanto que es el más abrasador y el que más consume. Llora ante la iiiexorable ley del amor, que arranca á los hijos de los bra os maternales, unas veces para conducirlos á la felicidad y otras á la desgracia. -Llora porque no puede borrar el imposible... Llora al comprcTider c imo el amor que da la vida puede también dar la muerte. AhstLMo M A R T I N