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Su afición policiaca ejercíala en su proi) iü hogar crn brillantes resultados. En cierta ocasión robáronle á SU padre, del portal eii que trabajaba, una hermosa piel de tafilete. Al verse despellejado el pobre zapatero, acudió á su hijo, quien al instante puso en juego todas sus artes de experto detective. -La piel falta- -se dijo. -Lo probable es que se la han llevado. ¿Quién... liso es lo difícil de averiguar. Sin embargo, Xicanor no desesperó. lín una minuciosa requisa por el tabuco i) aternal, observó que en la cazuela del engrudo había quedado imjircsa la huella de un pie. Aquel pie calzaba el 47. De eso no había duda. Los meses pasaron sin nuevos descubrimientos hasta que un día llegó á manos del zapatero un i) ar le botas para hacer en ellas una remonta. Nicanor tuvo una de esas inspiraciones famosas y corrió en busca del sólido engrudo que en su poder conservaba. La bota se adajjtó perfectamente á la huella, y Pérez preguntó á su padre con aire de triunfo: ¿Quién ha traído estas botas á componer? -El sereno- -respondió el maestro, -Pues él te ha robado la piel de tafilete. Nicanor, tras acusar al sereno, c uedóse tan sereno y tan convencido de que su misión en este mundo era la de perseguir criminales. Pero el tiempo pasaba y las oposiciones al Cuerpo dt Policía lio se anvinciaban. Pérez pasó hambre y tuvo que dedicarse á oficios muy extraños para ganarse el sustento. Durante una temporada ocupóse en componer partituras para esas bocinas de automóvil que tienen varias notas. Poco tiempo después se dedicó á la venta de un termómetro clínico de su invención y que él llamaba familiar porque consistía en un termómetro que nunca marcaba más de 37 grados (fuese la que fuese la fiebre del enfermo) tranquilizando de este modo á la familia del paciente. Ninguna de estas fantásticas ocultaciones imdieron sin embargo apartarle de su verdadera vocación. Todos los hechos de su vida parecían ijresagiar su destino. Y, sin embargo, su destino, junto á Méndez Alanís, jamás llegaba. Y no higo. Pérez fué suspendido en las oposiciones y se quedó sin plaza oficial de detective. Y quedóse, además, sin recursos para contraer matrimonio con su adorada Policarpa, preciosa hija de la portera del 28 de la citada calle de la Esperancilla, á la que todos los vecinos llamal) an la Poli. A uel doble golpe no desanimó á nuestro héroe. Por ambos lados se quedaba sin i) ertenecer á la poli, pero él había leído en las novelas inglesas que existía una p; licía privada á la que se podía pertenecer sin títulos oficiales de ninguna clase, y decidióse á practicarla. A tan genial inspiración, gemela de aquella del engrudo, debió Nicanor Pérez y Gutiérrez su futura suerte. Lo primero (pie hizo fué sajonizar su v sus dos apellidos. Con las tres primeras letras de cada iKilabra formó el Nic- Per- y- Guí, (uc lo i) areciü do perlas. Atendió desi) ués á co iar en lo posible la toilette de los detectives extranjeros. Según él mismo cree, su tipo no tiene nada que envid. iar en elegancia á la do los primeros X) lieias mundialeSv Un poco, sin embargo, se le nota su origen de detective madrileño. Más bien parece de la secreta que del ¡ran nimido; pero no imirorta, ues los servicios de N icaiior no se llevan á cabo en los grandes salones, sino en otros medios inferiores, más peligroso y más sugestivos. Pérez, desde que es Nic- Pery- Gut, ha llevado á cabo aventuras tan extraordinarias que el rtiblic no va á creerlas cuando las conozca. Nosotros, n; obstante, resijondemos de su autenticidad. Pérez nos ha ciitre. gado sus Memorias, y al devolvérselas, ara su familia, hemos ucdado convencidos de la autenticidad de los relatos. Nicanor tiene tod; is ¡as grandes ciuiüdades do KJS grandes detectives: su fuerza es tremenda: su valor, temerario; su conocimiento del corazón humano, asombroso; su lógica, aplastante, y su sangre fría esmás bien helada que fría. Con enetrantc mirada de águila Jia dcscuViertO una banda de malhechores cpie merodeaba jior l s Cuatro Caminos (auncpao nadie sabía por cuál de los cuatro) liste hombre, uc no teme á ninguna clasede bandas, ni aun á la banda municipal, está llamado á asombrar al mundo con sus rasgos de audacia, sus iiigeniosos recursos y sus sablazos de dos pesetas. Lstá llam; ulo, y resixr. iderá. Es hombre que va donde le llaman. La otra tarde hablábamos con él, cuando de pronto, uno de sus hombres se le acercó, pronuncio en su oído una sola jialabra, y Nicanor nos abandonó preei itadamento, dirigiéndose hacia el tranvía de Hortaleza, Dónde iba Nic... Este será el asunto de nuestro próximo relato. La aventura es de sangre y veneno, por lo que hemos podido averiguar. Por autorización especial de! detective, LUIS DE T A P I A