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ek PeNULTfMO D E ll iS 5 PT DEFECTIVES A M O D O DE I N T R O D U C C I Ó N y a nos lo pueden agradecer nuestros lecíorcs! Hemos hecho, en su obsequio, un hallazgo importantísimo. Tenemos en nuestro poder nada menos que al pcniiltimo y más célebre de los detectives europeos. Europeos hemos dicho... Pues está mal dicho. Nuestro detective es mundial, y para él Sherlock Ilolmes, el rey de los detectives, es sencillamente un rey de opereta. Nuestro hombre, que se llama Nicanor Pérez j Gutiérrez, y que ha nacido en la humilde covacha da un zapatero remendón de la calle de la Esperancüla, es un caso estupendo de sagacidad policíaca, es uno de esos fenómenos de intuición psicológica que se dan raras veces en el mundo 3 que se dan, sin em) argo, por entregas al precio de 20 céntimos el cuaderno. La historia de nuestro héroe es sencilla y á la par emocionante. Nicanor nació ya predestinado al oficio de detective. De pequeño, toda su ilusión era jugar con sus amiguitos á justicias y ladrones, eligiendo siempre el pa el de justicia, que es uno de los que menos ace tación tienen en juego tal. Con anterioridad á éstos sus recreos infantiles, no existen antecedentes capaces de descubrir su naturaleza detectívica. Hay quien dice que á Pérez le crió la misma nodriza que díó el pecho á Millán Astray, pero ese es un dato no bien comprobado. Lo cierto es que el padre de Nicanorcito quiso de dicarle al noble oficio de poner medias suelas y tacones, pero el chiquillo, desobedeciendo la sabia sentencia que dice: Zapatero, á tus zapatos, negóse en redondo á echar tapas y contrafuertes. Escapábase del taller con harta frecuencia y á veces con harto material, que luego empeñaba por poco dinero, deando con tales cosas harto, también, al autor de sus días. Nicanor iba creciendo y cada vez sentía más den- ro. de sí un secreto impulso que le llevaba hacia la investigación de los misteriosos sucesos delictivos. El rimen de la calle de Tudescos impresionóle fuertemente. No llegaba á comprender cómo un asesino puede escapar, por un tejado sin resbalarse y sin que nadie le oiga romper las tejas. A raíz de crimen tal, experimentó el dolor de no poder intervenir en las funciones de policía. Pero hubu de conformarse y siguió comprando periódicos y noyelas tantásticas que, con sus extraordinarios relatos, hacíame perder el juicio y f; lgtma. s pesetas.