Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
s: r ssgsi- i J v- SKI s iljiá: ií T i l íumiau. EN EL JARDÍN ILOG 5 CO DE BUENOS Al n u m e r o s o s contarlos y describirlos sería una faena ínijiroba. Todas las especies están a uí rejíresentadas, y cada animal tiene su casa adecuaí a al c ima y costumbres de su jjatria natal. El t i g r e vive en un p; d) ed ¡n de a r q u i t e c t u r a índica, el avestruz se cobij a en una vivienda africana, el oso d u e r m e en una choza m o n t a ñ e s a todos están p e r f e c t a m e n t e ajjosentados. Y no falta n i n g u n o en la reun u. Hay monos descarados c inipudoroscs, ibis de larg: o cuello, torpes y iianzudos hipopótamos, ridiculas j i r a f a s grotcse s drcmc (íarios, hienas hediondas, patriarcales elefantes. U n o s descansan felices, otros se mueven in (juieíos y anhelantes. I á! Icón, entre tanto, lanza su bestial, su innienso rugií o. To o el j a r d í n tiembla ante esc grito de desesperación, ante ese j a d e o de fati. íra, de rabia, de dolor gigantesco. E s g r a n d e h e r m o s o ga! lar (U) Se ha sentado, y su cabeza se me ofrece en toda su mag: nificencia. Me mira, entorna. ndo los ojos, Y chilla. Cerca están los tigres, r o n d a n d o a c e l e r a d a m e n e l) or la j a u l a i) ero e! león no quiere i) rotestar ni rebullirse. Sal. ic ue lo han vencido y accjita el dolor con un est icís: TK o -gulloso, digno de un verdadero monarca destronado. Cae la t a r d e muy pronto se aneg; ai á en sombra y en misterio el bel o j a r d í n Y a se han hcna. t o de una vag- a p enumbra alg; unos rincones frondosos. Los sauces dejan caer el lloro de sus r a m a s sobre c! agua verde y tíieía: la cumbre de los eucalipíus se baña con el oro del sol p o n i e n t e por la soledad de un sendero ¡asea nn altivo y i) recioso avo real, se int c n a en la eK esura y desde allí lanza su grito crepuscular, P e r o ha. y en la A r g e n t i n a un. i) ájaro á ¡U en llaman bicho feo Se distingue por su canto, de una simplicidad encantadora, Los chicos les a. pedrean, y las gentes les llaman dcsd. eñosamente d) ichos feos P e r o el canto breve y simple de estos ájaros es tan sugestivo, tan tierno y melancólico, que recuerda la ucia de un niño. Cantan especialmente á la h o r a (leí cre úscu o, y son los últimos ¡ue dejan de cantar. Cuando todcs los p ája os han callado, cuando los gril os chirrian y la noche tien. de sn sombra definitiva, todavía los b c h c s f e o s pronuncian sn canto breve y mc ancólico... Gracias á estos ájaros tienen las arboledas de la llanura a r g e n t i n a un tono ereI) uscular incomi) arablc, un tono de a m a r g u r a infantil. JOSÉ M SALAVERI IA. p Híal) a yo cansado de ver t a n t a a g u a en el A t l á n tico; desembarqué, y pronjco me fatig aren ¡as allcs beucbidas de almacenxs, de ruidos, de ne ocios y de t r a n v í a s D e m a n e r a (ue mi entr; ida en el J a r d í n Zooló 2: ico de Buenos Vires írié como un ba: o de 5 az y como una vuelta del hijo pródisx) á su d: mento n a t u r a l y m a t e r n o la Naturale; a. Diréis (lue el m a r tambíé, es n a t u r a l e z a y cpic la ciuda. d. es n a t u r a l e z a a s i m i s m o ijero yo Ibimo p ondcra. íivanientc N a t u r a l e z a á lo que está forniado de t i e r r a y plantas. L a t i e r r a la m a d r e t i e r r a T o d o lo demás es inferior, t r a n s i t o r i o y secundario. L a s t r e s cosas (pie á mí me consuelrai de la necesidad de vivir, son los inocentes animales, las inocentes plantas y los inocentes niños. H a y en. la vida otras cosas (L imí) o: -dcra! lc v a l o r la mujer, verbig r a c i a F e r o el t r a t o con la m u j e r exige cicrla roparación ó reserva, puesto (pie la mujer es un enigma, y lo mismo puede r e s u l t a r u, ángel como un abismo. j í i e n t r a s que las i) lantas, los animales sencillos y los muchacbuclos están exentos de malicia y de doble fondo, y las herida. s nc nos pueden causar carecen (le importancia. Al c o r t a r una rosa nos inc h a r á u n a espina; im bichito nos m o r d e r á la piel; un chico nos j u g a r á una mala artida: son males que no ahondan ni en la carne ni en el corazón. i li p r i m e r a visita á este j a r d í n ha sido en (Ha de domingo. I or lo; senderos van i) aseando las gentes que han trabajadso riiucho dudante la semana, y (Itic al llegar la h o r a de fiesta buscan un poco de aire y de belleza en los j a r d i n e s (icntes resignadas sobre las cuales edifica la civíHzacit in su esijléndicio edificio, p a r a uiencs la vida se constrivic á unos reducidos t é r m i n o s t r a b a j a r dormir, comer, d o r m i r P o r los senderos caminan ot as gentes menos desg r a c i a d a s los gorriones. Y i) asa una multitud de niños, u n a loca a b u n d a n c i a de niños endomingados. Todos los niños de la ciudad se han dado cita en este ardín. Aquí tenemos á los cisnes. L n o s son blancos como a espuma de alta m a r otros son n e g r o s como el luto; otros tienen el cuerpo blanco, el ijcscuczo n e gro y el pico rojo. J u d a s a. vcs! 1 oman actitudes aristocráticas y solemnes. Al a t u s a r s e las plumas, sus largos cuellos se ar uean g r a c i o s a m e n t e p a r e cen adornos n a t u r a l e s Cuando n a v e g a n por el estanque, figurón n a v e s graciosas y l e g e n d a r i a s ue vicnc i del vcu lo de la clásica Grecia. P e r o el j a r d í n es muy grande y les animales son