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r e c a l a r j a m á s eii cilas, con sus annostos canalillos, casi invisibles, uc á veces se i) icrdcn en la umbria de la ve: etación csjdéndida iie corona sus l o m a s con sus i) eí ricfios lagos rcsiilandccientcs. c ¡nc rcilcjan con sin igual pureza la imagen de los j) inos v la fosca sihicía, o: c las rocas, bañán (i se en el intenso azul del cielo mei iterráneo, diriase aíinel o lui ijaraisi; de nuiTiecas, un sueño ic (iuHiver, una. mansión ie silfos, nomos y alli refusilados 1 ra, s la ruin. a. v ¡les. -i i) arición de la levcnda. expulsada (iel mm do por la irrupción de la. vul; aritia l ambiente. ifn la isla de (inonion. hav un fa. r; Ifl bon bre, a! iisi) utar á los silfos su nostrer refugio, erigió alb. como signo de (scupación. una forre, v en lo a u; e eba encendió una luz, no j ara a t r a e r sini; para abejar á sus semejantes de fau ¡lebgrosíís lugares. Do m a n tener siempre -i a aípiclla luz se e n c a r g a r e n al p r n u cipio dos b. ouibres; uno de ebos era ca. sa (io, y llcia consigo á su nu. ijer, la cual en pocos anos liizo a. nm e n t a r la rcirresenla. ción del bom. l) c en aquel pa. is de enumera con tres c r i a t u r a s p r i m e r o s al) origenes de Cmomon. Pero conuí la vitia a m u e r t e son berm a n a s el otro t o r r e m en un ata ine de locura ó de raisantro la. se cstrePó, a r r o j á n d o s e de lo aUo del fa. ro contra los arrecifes de coral ¡ue extienden su r í g i d a h o j a r a s c a al i) ie de la t o r r e misma, á cuya sombra gern- inaba UiU pueblo. Poco tiem desijués n a u f r a g ó destrozándose en Ja caílena de escolUss ípne circunda el arclupiélago, un misero velero dedicado á la pesca, y de cuyos t r i pulantes sólo los l o g r a r o n salvarse v a r r i b a r malt r e c h o s v a. cardcnalados, á una de las minúsculas playas lc (hiomon. Acomodáronse los n á u f r a g o s maJ Cjuc bien, con los t o r r e r o s v habiendo notado que el p a r a i e e r a ameno, fácil la. vida y a b u n d a n t e la pesca de esi) onias y coral, v aun de alguiui (jue o t r a perla, a p r e s u r á r o n s e á hacer venir sus familias, con lo cpac en pocos afíos la colonia de (biomon llegó á c o n t a r un. as 20 p crsonas de tcxlos sexos v edades. Fd único medio de conumícación que acjucl puñado de seres h u m a n o s tenia con sus scmcjanres constituíalo el y- lrí ox. va orcito de r u e d a s que una vez al mes, si el tiempo lo ¡jernutía. solía salvar en veinte h o r a s á tiro forzado, las cien millas que separan á Cnoroon del coníín. entc. ¡E l ylrc os! l i. gúrate. lector, lo ¡pie sería para San ntón el cuervo milagroso que cotidianamente le llevaba en el liico la sabrosa h o g a z a que le hacía menos d u r a v cruel la vida en su c e n o b i o lo cpie l) ara f; cnove -a de I r a b a n t c la cierva que le dió en el desierto abrigo v s u s t e n t o lo uc p a r a Santa Alarla E g i p c i a c a el sabio Zósimo cpie una vez al año llevábale el) an de la g r a c i a al visitarla allá cu lo m á s oculto de la T e b a i d a E n e s todo eso y fpn á naás era p a r a los h a b i t a n t e s ác Gnomon la periódica visita del Are os. E n la moncilonía é isocronismo de la vida de a uel l) nñado le seres, aislados de sus semcian. tcs como si u n a c a t á s t r o f e telúrica los hubiera a r r o j a d o al esjiacio embarcados en un licdazo de mundo, el único fenómeno fp. ic i eriódicamentc venía á t u r b a r adu. clla placidez de falanstcrio era la visita del Argos. Tlacía su e n t r a d a el viejo cascarón, a c h a p a r r a d o v disforme, con la sotcnuiidad y prosopo cva adecuadas á su facha V ministerio, sorteando con admirable pericia los bancos movedizos, las revueltas, las cadenas de sirtes y de a r b o r e s c e n t e s escollos que r o z a b a n al asar los e n o r m e s t a m b o r e s dis uestos como descomunales alforjas á tuio y otro lado de aquel m a n s o cetáceo. T o d a la población de Clnomon solía acudir como uu solo hombre á la a r r i b a d a del Argos. LTna vez a m a r r a d o al nuiellc y abierta la escotilla, vaciaba el Imen cetáceo su buche lleno de provisiones. El pelícano rasgaba su v i e n t r e p a r a alimentar á sus polluelos. Luego, hecha la descarga, recogida la corres onílencia y los encargos, i) itaba tres veces, izaba el ancla, l a r g a b a la bandera, y ¡h a l a! á c r u z a r canalillos enrevesados, desflorar las luatas salientes de coral blanco al golpeteo de las ruedas alienas entrevistas bajo la faldamenta de los tambores, y así, mengruin. do su, ccníorno, dcsajiarecer allá á lo lejos entre la niebla... Año t r a s ano la ¡da de l s babii, an. tcs de (Inomon deslizábase mansa, imifornie, l. oi: y de limP. o, sin n i n g u n a emoción, sin im suspiro, sin núeO! s rd es er a n z a s r e m o r d i m i e n t o s ni pesares, l l a s t a (L C un día... L na m a ñ a n a üegó el Arejos. fiel y cachazudo, á su fondea. dero de (Inonion. Soltó un ancla, kiego ja o t r a se baembolcó como si t r a t a r a de alianzarsc y b. acerse ca. ma en el lugar donde solía piedarse, a r r e denándosc eui su mo edizo a. sienio: dió una. tras o t r a lir- sta. tr s a m a r r a s una á la bnva. v dos á tierra, y desjiués de bre e reposo, exigido p (U lo rritígoso de la travesía, y más aún ¡or la. e t u s t e z v cansancio del mísero v achacoso cascarón, empezó á l a r g a r de su bodega, el consabido carga. niento, iiaciendo! a. descarga, con el método, iiarsimionja. v olemni (iad habiIna. les en su larguisima vida m a r i n e r a Salieron far (i t r a s fardo los c u a t r o de costunfl) re: bis dos ó t r e s cajas y el indisiiensablc bocoy, todo eUo sin ¡ireseutar a v e r í a aparente, a s e g u r a n d o de este modo i ¡or todo un mes el bienestar económico de los imiierturbables m o r a d o r e s de (jnonion, Xo habia asaje al arecer. T o d o seguía, ¡mes, los trámites de úbrica, y n a d a a b s o l u t a m e n t e bacía sosiiecbar uc aquel viaje, r e a lizado con la a arentc r u t i n a de tantísimos años, iba á m a r c a r la efemérides m á s gloriosa, en la b. istoria de la isla. Seguía la metódica descarga con toda r e g u l a r i d a d V en medio de la general indiferencia de los h a b i t a n tes de (jnomon, reunidos como de costumbre en el muelle ¡ara asistir, en cumi) limiento de un deber litúrgico, al lento y ¡lacífico desarrollo de las o eraciones de á b o r d o cuando en lo alto del uente del y 1 rejos, y en lugar bien visible, or encima del tambor frontero al muelle, apareció una cosa e x t r a o r d i n a r i a m a r a v i l l o s a un conjunto olícromo de objetos de diversas formas y tamaños, agitados de un e x t r a ñ o é incom rensib! e movimiento de ijcrcusión, chocando e n t r e sí y ¡reduciendo los m á s acordies v dulces sonidos, u n a aiegrc melodía que al ¡n- onto hirió los tímpanos de las ¡lersonas c e r c a n a s al fci- ómeno, y luego fué a t r a y e n d o a r r e b a t a n d o y suspendiendo á todios los h a b i t a n t e s de ¡nornon y á los n. úsreos triv. iuiantes (pie, a b a n d o n a d a s las faenas, aijretujábanse eml- ebecidos en torno de aquella a aríción milagrosa que despedía r a u d a l e s de a r m o n í a llenando el ambiente con el eco de su música fantástica y lozan: Acptcl fenómeno, jamás visto ni sospcciíads en óine; mon, se romnonía de un bombo descomunal, cnva caja, pint a d a de azul y encordada de amarillo, ven- a á constituir ía base de todo el maravilloso artiíicio. l or encima del bombo veíase subir y b a j a r acom asadamentc un reluciente y d o r a d o latillo, que al eluicar c o n t r a su conijíañcro, ajustado sobre el sonoro a r m a toste cilindrico, producía n o t a s a r g e n t i n a s cortas y resonantes como golpes de chanflón. Abajo adivinábase el mecanismo de una cuerda sujeta á un ¡edal, ¡lonícndo en movimiento un mazo cabezudo, forrado de badana amarilla, que h e r í a el ¡iarclic cotí fuiia tal. (pie a m e n a z a b a rom crIo con estré iit. o de cañonazo. D e un lado, medio oculto por el bombo, asomab) a la boca circular de un clarinete de ¡aves, qnc, m a n e j a d o á lio dudar, con a r t e supremo, llevaba la voz cantante en tan ¡lercgrino concierto. A finalmente, por encima de todo esto, r e m a t á n d o l o como cúi) ula ó m i n a r e t e digno de tan maravilloso m o n u m e n t o acertábase á descubrir uno como á guisa de g o r r o cónico de agudísimo vértice, sobre el que descollaba un enhiesto borlón, conqiendio de todos los colores del iris, y C uc al a. gitarse dejaba oír el armonioso tintincí) de cien menudos cascabeles sembrados acá y acullá i) or toda la sii erficie cónica entre un laberinto (le cintas, lazos, flecos v m o ñ a s de toda csitccic de colorines. Ifl alma de este artificio, el espíritu eoucer- t a d o r V a r b i t r o de las melodías desai) arecí ¡lor entero t r a s la fornúdablc a r m a z ó n de a ¡uep. i or (piest; i semoviente. Ibia, otra v o t r a más. h a s t a diez, veinte ó más ve-