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3 i Zis 4i por mercedes que le tenía otorgadas, amparóme en el aprieto ue vos dije, mezclándose sotilmente entre los mis enemigos, e hobo de constreñir el acometimiento induciéndoles á creer cómo yo era muerto; e al cabo de me curar feridas e golpes, dióme á beber JI bálsamo que dicho es, por mi propia voluntad, con intinción de resucitarme á la postre, cuando el pueblo estoviese aquietado, e no hobiera membranza de aquellas turliacioncs e bullicios. Lo subcedido desDués bien se colige por el olvido en ue fincó mi falsa sepoltura; e que el bálsamo del físico no era embauco de fullero sale á flor de la verdad con ver que me tenedes delante, vivo e sano, e fablando como 10 fablaban los defiuitos en tiempo de los reyes doña Isabel e D. P erriando, ni habrán fablado quizabes de estonce acá, maguer permitido se haya por fuero, premátíca ó Real cédula. -Os extrañará- -dijo Gelmírez interrumpiendo su narración- -que repita puntualmente las palabras uc pronunció el Comendador de Calatrava: jjero sabed que, ayudado de mi buena memoria, las escribí aquella noche en casa, y la, he repasado alguna vez, Y á que no acertáis lo que más sorprendió al muerto resucitado, en los primeros momentos, conforme se hacía cargo de las circunstancias en que se encontraba al volver á la vida? Pues la buena acogida que le dispensaron los habitantes de Fuente Ovejuna, comparada con el atentado de que había sido objeto. Los del pueblo porfiaban por agasajarle obsequiándole con banquetes y jiras campestres: se le vistió de moda, y se le puso un sombrerito cordobés que le caía muy bien al semblante; le presentaron en el Casino, se le dedicó una gran velada en el teatro; se anunció el acontecimiento en los periódicos de la provincia para promover la atracción de forasteros durante la feria... Y venga manzanilla... y hailaoras... y cante de la tierra... ¡El disloque! Esta transformación del espíritu público en tan, para él, breve espacio de tiempo, producíale extrañeza profunda, hasta que una noche, entre copa y copa de añejo y refrigerante amontillado, haciéndome cuenta de que estaba informando en la Audiencia, dije al Comendador: El derecho penal tiene por objeto la conservación del orden jurídico y su restauración cuando por la voluntad del hombre delincuente se haya perturbado, para lo cual establece una pena á fin de reintegrar en la posesión de su derecho á la persona que sufrió el perjuicio; pero. Aquí hizo Gelmírez una pausa; considerando que el tiempo hace olvidar favores como agravios, se ha convenido en aceptar un periodo prudencial de prescripción, pasado el cual sin protesta por la parte ofendida ni reincidencia por la culpable, queda restablecido el derecho en su estado normal. Así, pues, señor Comendador, el derecho penal, inspirado en un alto criterio de benevolencia, sólo tiende á restablecer el orden jurídico en un determinado periodo, sancionando con la prescripción los actos que no han podido ser castigados en el espacio que la ley determina. Véase cómo una transgresión puede quedar impune á ciencia y paciencia del legislador, sin que esto acuse, ni desamparo al que se acoge bajo la protección de la ley, ni falta de equidad en las disposiciones jurídicas. Vamos al caso práctico: aquel pueblo de Fuente Ovejuna que encolerizado contra usted trató de darle muerte movido de fundados resentimientos, hoy le agasaja y obsequia con franca y cariñosa solicitud, porque, y esto es muy humano, le importa poco lo que usted fizo antaño por su cobdicia, por su soberbia e por otros pecados que fuera luengo de narrar. La sociedad no se preocupa por antiguas transgresiones que no afectan al estado presente de las personas ó cosas, y el Derecho penal, que es su salvaguardia, se considera relevado de interponer una mediación que nadie reclama. Al decir esto se echó á reír Gelmírez, como lo tenía por costumbre, sin meter ruido, apretando los labios y encogiéndose de hombros. -Confesadme- -añadió luego- -que esta historia inventada por mi para entretener el tiempo, no es tan inverosímil como á primera vista parece, pues si se diese el caso, poco probable, de que resucitara en Fuente Ovejuna el verdadero Comendador de Calatrava, tengo la convicción de que le recibirían amistosamente, como al del cuento, porque el concepto de la prescripción en derecho penal se halla en perfecta armonía con la naturaleza humana. CARLOS C A M B R O N E R O T, ema: MULTI SUNT VOCATI PAUCI VERO ELECTI, DIPUIOS O MUEnTAS