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UILÜJ aricoy REVISTA ILUSTT ADAF NUM. 97 Í EL COMENDADOR DE CALATRAV r AMPECHANo, expansivo dadivoso y amigo de liacer favores era Pcrfco Gcimírcz; pero jinglábale referir suceso i que n o liabían ac: iecir. lo. dejándose llevar de su íniañinaciói que la tení: i primorosa, como bncii andaluz, y bailando siempre coyimtnra para ¡nicreaLir en la conversacióu bisiorJa en que había lomado parte, si e. s qnc no fij uraba como proiaííoiiTSta, ET: Í tan buen ajinlio, tenía laií hermoso cora; i6 n, i iic todos le pcrdoíiábamos su íjnizá iiti luvícra otro y ann le faciTilábamtií i á sabiendas, ocasión donde pudiese lucir Tas j alüs de su invcnlíva, pues la amenídnd de us narraeínncs ni 5 obli atia á c cuehaHe con interés. baciéniCoiios pa ar adradablemente el rato, ya después de mi almuerzo, ya en la me a de la cervecería, ya paseando por las alamedas del Retiro. Gelmíre; daba del. dlcí. piiniualÍJ abn. fechas, describía, con 1,1 minuciosidad riel novelista moderno, el campo, la habiíacJún, el paraje donde se defíarmliaban í- nsi cuentos, y reproducia los diálo Of que ase; uraba haber oido. imitando la voz. los aricmanes y los eí tns de las perscjna qnc b ibían intervenido en el asuntr Era abot; adij. y cediendo ¿las aficínnes que por n profesión tenía, procuraba muchas veces relacion. r las bisloria í que contaba con deienniíiadas cueslíoncs de derecho, sin or iillo ri pedantería, pucü en tal caso hubiera hecho enfadosa su conversación.