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Menéndez; lo tiene comprometido. Hizo el honitrc ción en público ni el menor asomo de coquetería malun gesto de resignación, 3 dijo á mi protectora; En- sana ni de necia presunción ni vanidad. Desecha todo, tonces, bailaremos el vals nosotros. Con juicio, escrtipulo, si te asaltare, porqus todo ejlo obeciece ¿eh? dijo ella levantándose y cogiéndose de su bra- únicamente á nuestro natural deseo de bien parecer, zo, y yo me quedé preocupada de aquella escena y al que las hijas de Eva no bemcs de renuncia: en sentada mientras bailaban los demás, porque á todo toda la vida. En cuestión de parejas, procura ser el que venía á invitarme tenía que decirle que no neutral y caritativa. Quiero c ceiite que no des prebailaba vals. Precisamente el baile que más me gus- ferencia á los simpáticos, elegantes y iistinguidos taba. La señorita del buen consejo no volvió á sobre los que no tengan prendas tan relevantes. Torio sentarse á mi lado después de valsar. El rigodón sigíente se organizaba, y yo seguía sin pareja, después de haber hecho creer á Menéndez que lo tenía comprometido. Iba á quedar en ridículo y él se lo contaría á sus amigos, y los comentarios y las burlas á mi costa me espantaban. Por fin, un muchacho, muy feo por cierto y bastante cursi, me invitó y yo me agarré á aquella tabla en el naufragio de mi amor propio 3 bailé con él. No olvidaré nunca el rato que me hizo pasar. Me hablaba de cosas indiferentes: pero para decirme la más sencilla me haWaba al. oído con gran misterio, y la respuesta insignificante que yo le daba por educación, la recibía con gestos de asombro v sonrisas de satisfacción inmensa. Al cabo noté que la gente I nos miraba y me cíí cuenta de que aquel mequetrefe ponía verdadero empeño en aparentar que hablábamos íntimamente de algo inte resante; pero lo noté después de habernos lucido por todo el salón en el paseo que di de su brazo. Sea enhorabuena me dijeron sucesivamente varias señoritas, con cierto retintín que me indicaba bien claro que les chocaba la rapidez de mi conquista. ¡Qué éxito! me dijo al pasar junto á mí la consejera. ¡Dios mío! i Cuan ajenas estarían todas de lo que yo sufría al ver que estaba llamando la atención por culpa de aquel estúpido! El mismo Menéndez, con dos ó tres amigotes, se acercó á felicitarme por haber deshancado á una de las muchachas más bonitas, que había sido hasta entonces novia de mi adorador. Yo procuraba tomarlo á broma, pero en vano. Todos sonreían incrédulamente, y uno con patillitas, que de buena gana se las hubiera arrancado, se atrevió á decirme: Vaya, usted quiere que la regalemos el oído. Me faltó muy poco para echarme á llorar. Una de las chicas de la casa se hizo cargo sin duda de mi situación y me llevó al tocador, donde me dijo: Ya he sabido que Eernandita ha evitado que bailara usted con su novio Menéndez. Es tan celosa! También he notado que ese mamarrachito de Marín la ha escogido á usted para dar celos á Gloria, porque están de monos. De mono estará él forzosamente toda su vida dije yo enfadadísima al verme victima de los celos del prójimo. 7 Siig 0 ¿Pero qué más? Mi misma madre creía que yo había coqueteado hasta llamar la atención, y al llegar á casa me reprendió severamente por mi ligereza. Mírate en este espejo, Consuelo querida, y te felicitael que te invita á bailar te hace objeto de una distin- rás de haberme consultado. Por lo demás, no creas que es ningún arco de iglesia lo que tenga que adver- ción y no hay derecho para desairarle. Sobre todo, no hagas caso en esta materia de consejos ni in- ii ua- tirte. Ten en cuenta que vas á aduar por vez primera clones de amiguitas nuevas. ¡Acuérdate de mí i Y en traje de baile y que las cosas inás fáciles de la cuando acabes de bailar procuca ir á sentarte lo más vida son algo embarazosas la i. rímera vez. Se cuenta cerca posible de tu familia. No sabes la eficacia ¡ue del actor Emilio Mario que antes del estreno de El tiene esta proximidad para defenderla á una de atrecura de Longtieval anduvo unos días por casa vestido vimientos é impertinencias de unos y de otras. No te encargo que ensayes sonrisas afables, porque siempre de sotana. El gran actor quiso habituarse al traje talar antes de presentarse con él en escena, siempre las tienes sinceras y espontáneas, pero sí te. para no tener que preocuparse de él ni poco ni mu- recomiendo que ensayes al espci o la expresión de secho. No te digo yo que andes por casa unos días con riedad más fría 3 más austera que te sea posible traje de baile á todas horas; pero sí te recomiendo para cortar de plano y en seco cualquier inconve- algunos ensayos para que á solas te habitúes á sen- riiencia de una conversación. Es un medio probado tarte, recogerte la falda en caso preciso, á manejarte para espantarse las moscas, y moscas y aun mosco: es en fin, con naturalidad y soltura, y si quieres ensayar no te han de faltar en esta vida. Con esto que te digo, con el escarmiento de mi, también algunas frases amables, algunas respuestas ingeniosas á felicitaciones y cumplidos, no te vendrá debut y sobre todo con tu claro juicio para lo impre- del todo mal, porque luego en el terreno no hay visto, confío plenamente en que puedes ir al baile, tiempo para pensarlas y tú careces todavía del pode- muy tranquila y que volverás á tu casa satisfecha de, haberte divertido honestaineníe, que es lo ¡ue te de- roso auxiliar de la costumbre. No veas en estos ensayos priv- ados de tu preseata- sea con toda tu alma tu tiífaChra. OIEUJO: OE MEDINA VERA Por la. copia, CARLOS L U I S Di; QUENCA.