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CRÓNICAS PARISIENSES EL ÁRBOL DE NOEL DE UN VIEUX MARCHEUR, p n un viejo palacio del Fauhourg, el viejo mar qués, solterón y millonario, se dispone á preparar los regalos que han de figurar en el árbol de Noel para las personas de su familia y los invitados á la cena de Nochebuena. Llama á su ayuda de cámara, un antiguo servidor, y le va dictando pausadamente. -Vamos á ver, Augusto- -dice el marqués. Primeramente apuntaremos los regalos para mis hermanas... A Marta, la maj or, he pensado compraría una araña de brillantes que vi ayer en asa de Carlier... -M e 5 ermito hacer observar al señor marqués que las arañas dan mala sombra... Ya lo dice el adagio: Araignee de matin chagrín... -Sí, pero es cuando no son de brillantes... Me decido por la araña... Luisa me dijo días pasados que tiene ganas de poseer un auto... ¡Un auto! El señor marqués habrá visto el número de accidentes que todos los días publican los periódicos... -Pongamos el auto y deseemos que, caso de ocurrir u n a desgracia, sea cuando lo ocupe mi cuñado... -Sin embargo, es un buen hombre... No se mete con nadie... -Sí, ya sé que se de- dica á estudiar, á inventar no sé qué aparatos, á trabajar... Como si no hubiera ya gentes en el mundo que se ocuparan de todas esas cosas por necesidad... Yo detesto á las gentes ricas que trabajan... ¡Trabajar es robar el pan del pobre I- -Ya está el auto anotado... -Vamos ahora con los sobrinos... A Marcelo, un millar de cigarros. -Preferiría el dinero... -Puede vender los cigarros... A Magdalena... ¿En qué habíamos quedado el año pasado? -El señor marqués la regaló tres porte- honheur, adornados de perlas rosas, para hacer juego con los pendientes del año anterior... -Bien... Este año la daremos la cruz del cuello para completar el parttre... ¿Con perlas rosas también... -Naturalmente... Germana es la que más me preocupa... Sé que tiene deudas... ¿El señor marqués sabe... Pero es muy poca co. ia... Apenas 20.000 francos... -Por esta vez. estoy dispuesto á pagárselos, pero ¡por esta vez nada más! Sin embargo, como quiero que en todos estos regalos de Noel se vea siempre una moraleja, compraremos una agenda, y entre las hojas meteremos veinticinco billetes azules... ¡O h! El señor marqués tiene ideas magníficas... -De este modo comprenderá la saludable lección que encierra la agenda y verá claramente la intención... Yo creo que sabrá agradecer el consejo... -Indudablemente. No puede darse de manera más delicada... -i Ay, Augusto... Hay necesidades crueles, y esteárbol de Noel dejará profundas huellas en nuestra, vida... Quedan aún algunos regalos á los que doy rma significación definitiva... ¿Se trata de alguna de las amigas del señoi marqués? -P r e c i s a m e nte... Cuando d e c i d o poner término á alguna de estas intimidades la envíe un objeto piadoso: un rosario ó una pila deagua bendita. Esto es mejor que escribir unacartita con la frase inevitable D e hoy en adelante seremos buenoS amigos. O aquella otra de: ¡Todo tiene su fin! -j Oh El señor m a r qués sabe hacer. esas cosas con gentileza; Y... ¿h a y muchas ¡jilas de agua, bendita este año? -Sí, Augusto... Es un año penoso... Pero estoy decidido á poner en el árbol de Noel... ¡dos piliilas! ¡Dos! -Tres debieran ser, pero 3o r lo que toca á la tercera, dudo... ¡La carne es flaca! ¡Tres desesperadas! El señor marqués, ¿no teme las e s c e n a s d e llanto? -No, Augusto... Soy fuerte... Además los objetos piadosos tienen la virtud de recordar á las descarriadas sus olvidados deseos... Lloran, sí, pero... se resignan... ¿Tenenjos todavía pilas de agua bendita de las que nos enviaron de Roma? -Quedan seis... -Será menester encargar con tiempo otra media docena y unos cuantos rosarios además... -Se- va á asombrar el capellán... Ya el año pasado creo que el emjjleado de la Curia Romana que le facilita estos objetos, le escribía en francés chapurreado: Ce márchese tonjours de rosaires et benitieres... ¡Ma quelle consommasione! -i Ah! ¿Sí? ¿H a escrito eso... Pues decididamente pondremos tres piliilas de agua bendita en el árbol de Noel de este año... ¡Serán tres arrepentidas! -El señor marqués tiene razón... Tres ovejas descarriadas que volverán al buen camino... Y el señor marqués, satisfecho, concluye su toilette, pide el auto y se marcha al foyer de la Dímza de la Opera... Está trabajando la conquista de una deliciosa criatura de quince años, con una boca fresquísima y unos ojos azules escandalosamente inocentes... ¡O h! Y está ya al caer... Es el regalo que el viejo marqués se propone hacerse á sí mismo este año... Pero este delicioso juguete no figurará en el árbol de Noel... Jo. -E Ju. N CADENAS.