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TARDE DE INVIERNO f- í a íia i, i r o r n o cn iA mundo espíritus etoruaniente Jóvenes y nsuefios, liay tambic ii riiícoiie. s cu la ricrra gue eon sil propia savia se defienden contra los liori- nre del lieinpo. Ante i? llos se detiene la obra c estnietora del rey terrible de lüb barbas blancas del invierno tiránico y cruel, impotente para arranearles sus encantos, Qué misteriosa fuerza los eon erva? ¿Qué secreta virtud transforma esas crueldades cii beneficios... La lluvia que cu otras partes ahoga los gérmenes que son una esperanza, sirve aquí de balaí o y de caricia. Y también el viento enfurecido aquí, se ablanda y dulcifica al euntacEo de esos áiboles de perenne verdor. (Jh. inefable consuelo de la santa naturaleza 1 Los cnra: íones entristecidos íor sus propios duelos, hallan en esto? ruicoue? la calma que conforta y vivifica. Kilos sínlieron el frío soplo ikl invierno que apaf ba sus íntimos ardores y desvanecía sus vitales ansias: pero en pre incia de esta sonrisa inesperada, vuelven aliora á recobrar sus bríos que creyeron perdidos para siempre. Y en las horas uilsiica y solemnes de la tarde, la suave y apacible dulzura del paisaje desvanece sus tristes pensamientos. ¡Tarde de invierno en un rincón campestre, lejos del mundo y de sus pompas y ile sus ruidos... ¿Dónde están los rigores de c a estación temida, si la tierra y ei alma conservan su verdor y su frescura... El sol va á perderse en el borizonte y enrojece las ligeras nubes con el resplandor de sus postreros rayos. Kn el a? ul del cielo fulgen las primeras estrellas y asoma también su fa; serena el astro de la noche. t abecean los pinos y las matas silvestres, llrilla en la yerba e! rocío vespertino. Llena el ambiente ese sordo rumor indefinible que surge de todas partes cuando el día se despide. Tal vez se oye á lo tejos un eantarn ó el paso del rebaño que busca su refugio. Lentas y sonoras resuenan las campanas de una iglesia. L a mo; ía vuelve á la alquería con su manada... ¡T a r d e de invierno en un rincón campestre, lejos de! mundo y de sus pumpas y de sus ruidos... Su apacible y suave dulzura desvatiece los tristes pensamiento? y suspende el espíritu y le inunda de melancolía... ¡Virtud que nos hace fuertes y cninprensivos, porque nos enseña á descifrar el misterio de la vidal AN- sr. LMo MARTLV. ñ VM V A r x