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d mci REVÍSTA ILUSTRADA W EL C U T I S CALIENDO DEL DIABLO del Vjadticlo, cOnfomic vamos da Pa lacio á San Francisco el Grande, se enciienlra a la derecha la calle de la Morcrlai y á la misma mano i; uelg; i de aquella cl deípeñaderoH con escalones empedrados de lajns, que un chusco bautizó con el nombre de Ciwjta de ¡os Ciegos. Al priitcipio de dta, y del FÁ O XIX, se veía una caaucha inclíjarla hacia el rio. afcrráudo. sc en sus cimientos como pollo de vencejo quc resbala del nido y se trinca aT borde COTÍ las arras. Tal edíñcío era nada rneno qne la morada de la señcíra Vul 6 na, beata, compañera, díscipula y correspcinsal, en el ramo de la brujería, de aquella otra famosa Dolores, de Sevilla, inventora de iin filtro por cuya virtud Jionibres y mujeres ponían huevos frescos, Vulfiiia, cuando la presento, dciempcñaba la por- tería de la caFiuclin, vistiendo aún luto por cl señor Indaiceío, laparerO rcnieiulón, que fue su marido, y conservaba la tícnda y la parroqm a del ilifunto, si afjnel nombre merece lineen de una empccataila eícalera. De f ervír á la secunda se eucarsó cl Chaira, íjue era un poco más qnc aprendiz y algo menos que oficia N nestuí moao arañaba los i uínce Ahriles, aunque por To pequcñdio y escuchimizado representaba apenas diez. Tenía, nO oLaianttf, cl alma en su alv arÍo, asi para los menesteres del arte fk San Criípín como pata navegar sfn práctico en el charco de la vida y s e i r á todas horas, como buen podenco, el raistro de la señora Vulfma. Por lo que hace á ésta, dió quince, raya y el ¡r. qcic á Erilo, Circe, Medca, Canidia, ía Garnacha de Mon-