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Porque lOS versos de petición de aguinaldo seguirán siendo rematadamente malos, aun en los tiempos famosos de la navegación aérea. de huéspedes convertidas en Venus triunfantes sobre su carro tirado por palomas. Y será divertido observar el ir venir de los aeroplanos y dirigibles cargados de mercancías sabrosas. Al lado del elegante y rico monoplano, último modelo, repleto de manjares exóticos, pinas de América y lindos juguetes para el árbol de Noel, cruzará el modesto aparato volador, construido con cuatro cañas y dos sábanas, en el c ue alguna pobre familia transporta medio kilo de cascajo y un besugo de la época de los hermanos Tongolfier. L a rápida contradanza de grandes pájaros artificiales dará un animado aspecto al espacio en días como los actuales. Las gentes se cruzarán saludos y tarjetas. E n las grandes alas de los biplanos se escribirá con gruesos caracteres: ¡Felices P a s c u a s Se adaptarán al motor unos macitos que aporrearán varios tambores colocados ante ellos. E l émbolo, bajando y subiendo por el cilindro del mismo motor, semejará una gran zambomba. Y los niños, asomados en las barquillas de los dirigibles, se obsequiarán con juguetes variados. La costumbre de pedir dinero subsistirá, y tan sólo cambiará la forma de hacer la demanda. El problema, pues, de la aviación no inlluirá en la maldita costumbre de pedir. Ahora bien; el propietario á quien acosen los sablistas puede salir volando y huir de acaiellas molestas pretensiones. O t r a ventaja tendrá en Pascuas el empico del aeroplano. Las compras de los comestibles para la cena de Navidad se verificarán de un modo facilísimo. Las señoras tomarán su biplano y se dirigirán á la plaza Mayor en busca de los alimentos. Las manadas de pavos se hallarán en libertad y volarán tan sólo sujetos por una cuerda atada á una de sus patitas. El odioso espectáculo del ave pavisosa, atada por ambas patas y colgando, cabeza abajo, de la mano del vendedor, habrá des aparecido p a r a siempre. Los cai) ones, las gallinas y los pavos marcharán delante del aparato aéreo y simularán ser los impulsores del movimiento, tirando de él hasta llegar á casita Ya estoy viendo á las viejas patronas de casas De vez en cuando se desarrollarán escenas curiosas. A lo mejor, un trozo de turrón caerá ai suelo desde una altura de 1.600 metros, y al bajar en su busca los propietarios del de Alicante, se le encontrarán en el suelo sin el más mínimo deterioro y sin haberse desmigajado ni perdido una sola almendra de su sólida construcción. Los casos y cosas que en el mundo ocurrirán cuando la navegación aérea sea un hecho, serán verdaderamente fantásticos. Y eso Cjue en cuestión de adelantos muchas veces se cree que son cosas nuevas las que ya estamos hartos de conocer. Hablando el otro día con un pobre amigo mío, al que despojaron los conservadores del modesto empleo ue ejercía en Hacienda, hube de decirle mi pro ósito de escribir este artículo acerca de lo que sería la Nochebriena en el aire. -P o r lo menos tendrá algo de nuevo- -agregué, fundándome en el último de los grandes inventos. ¡Qué ha de tener! -me contestó mi amigo. ¡Pues no he pasado yo pocas Nochebuenas en el aire desde que me dejaron cesante... N o le falta razón. Y es que, como traducía aquel estudiante la sentencia latina: N a d a hay nuevo en el subsuelo. Luis DE TAPIA.