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rumor de hierros y batir de aceros dentro de la Armería Real. Son los cascos y armaduras, c ue desde sus vitrinas ven en la plaza prendas de vestir contemporáneas s u y a s! Anteayer ha sido proclamado rey de los belgas Alberto I. H e m o s celebrado el acontecimiento como cosa propia, porque se trata de un monarca joven, ilustrado, trabajador, eminentemente 50 pular. Alberto I sube al trono rodeado del cariño de su pueblo y de la simpatía de Europa. A ver si con su advenimiento dejamos en paz al difunto, porque, ¡señores! muchos habrán sido sus devaneos y grande su afición á echar canas al aire de las de su sedosa, abundante y pulquérrima barba, pero es cosa de preguntar si ha muerto de embollia, como afirman los médicos, ó víctima del suplicio que supone en el cuerpo humano el despojo de la piel que tira á tira le hemos quitado piadosamente antes y después de su gravedad... S lií fuerzas llegasen de día, dispusieron las cosas de modo que la entrada fuese de noche. El lunes se inauguró el teatro de los niños. T o d o es en él apropiado: el salón del Príncipe í El lunes se verificó en el convento del Sagrado Corazón el reparto á los pobres de las ropas y prendas de abrigo del Ropero de Santa Victoria. Hizo el reparto personalmente la reina doña Victoria. La ceremonia fué conmovedora. I os pobres hablaron con las lágrimas, que es el lenguaje más elocuente, emocionados ante el espectáculo de tres victorias r e u n i d a s la suya sobre la miseria, la santa bajo cuya advocación está el Ropero y la hermosa soberana. Con una saca de ro a nueva y un plato de ropa vieja, Navidad feliz! Hemos presenciado el regreso de algunas de las tropas que fueron á Melilla. E n todas partes hemos tirado la casa por la ventana... Esto, naturalmente, es un decir, j Que más quisiéramos en estos Madrilcs de Dios que poder Alfonso, que es un local chiquitito, bonito; las obras que Benavente ha escrito para inaugurarle- -dos perlas literarias; -el público... y eso que en la primera función le había también demasiado serio, sin excluir á la torva y odiosa crítica... Grande es la labor del genio de Benavente, pero si la cjfue ahora ha emi) rendido cuaja, será inmensa por su trascendencia. ¡üenavente! líl nombre obliga. El amor á los niños le viene de raza... El teatro de los niños ofrece un doble espectáculo hermoso: el de la escena, de fina y admirable labor literaria, y el del público, de espontánea y surgente felicidad. N a d a hay más intenso ni más sincero que la alegría de los niños. Tan grande y tan extraño, que á todos nos hace llorar: á los (jue tienen niños, de placer infinito; á los que nos los arrebató Dios, de inextinguible dolor... tirar por cuakiuier parte las casas que están pidiendo por los clavos de Cristo una rápida demolición! i I3i en venidos! -gritaríamos con toda la efusión de nuestra alma ante los militares repatriados. ¡Bien tiradas! -gritaríamos con toda la fuerza ele nuestros pulmones ante las casas demolidas. ¡B u e n o! E n Madrid no tiramos nada cuando llegaron los lanceros de la Reina, porque era de noche y, sin embargo, no llovía (hay que íidvertir que llevábamos un trimestre de diluvio) ¡lero tiramos de tijera y les cortamos un buen terno á los gobernantes que, pudiendo hacer que aquellas íí Ya saben ustedes que existo el i royccto de convertir en bulevar la calle de Alcalá. ¿Q u é les l) arece á ustedes? Muy bien, ¿verdad? Ahora ue, ac ui en confianza, mientras existan calles como la de la Escalinata, de la Aduana, de Tudescos y tantas otras por el estilo, nos hará el efecto que nos producirla un caballero envuelto en un magnífico gabán de pieles, pero que llevase debajo ia pechera de la camisa sucia, el traje remendado, las botas rotas, los calcetines caídos... Eso de la vida boiilevardiére nos ha entrado por los ojos; pero los pies no los sacamos de la vida villagcoise. Á N G E L M. CASTELL.