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r ESPUES de la ilustre Clemencia Royer, ninguna otra escritora ha aspirado á llevar el título de filósofa. La labor femenina, generalmente, ha permanecido alejada de la ciencia literaria. Ellen Key no es una filósofa, á pesar de que sus libros tienen esta tendencia; para serlo necesitaría tener mayor penetración de ía realidad de la vida y un corazón menos femenino. Lo que más nos llama la atención en sus estudios sociológicos es el afán reformador que la domina. Entre sus principales obras figuran: Iniages en pensees, Le siccle et l cnfant. De igual modo sus diversos discursos sobre la paz, el socialismo, las artes femeninas y los deberes de la mujer, están coleccionados en un volumen; pero su gran obra, la que le ha valido una ovación de las feministas francesas es El amor y el matrimonio. Apareció al mismo tiempo que el disociador libro sobre el matrimonio, del notable escritor León Blum, al que desde luego hacía contrapeso. Ellen Key pide á la mujer que sea virtuosa, sin someterse inconscientemente á la voluntad del hombre, y en algunos casos que prescinda de él. Al contrarío de lo que fácilmente se cree, esto es, que las mujeres no tienen ideas, en El amor y el matrim. onio éstas abundan; no obstante, existe una i) rimordial, que constituye la base de este hermoso libro; la autora dice: El matrimonio sólo debe realizarse por amor. No podemos menos que sorprender- nos al escuchar tal afirmación como el resultado de profundas especulaciones y de largas disertaciones. Desde que la Iglesia constituyó el sacramento del matrimonio, es infatigable en predicarnos esta hermosa verdad, lo que no impide que el contrato social venga y domine por encima de toda sentimentalidad. Ellen Key, á pesar de su gran talento y de su buena voluntad para llevar á la mujer hacia una condición social que constituya la felicidad del hogar, adolece de tm gran defecto: carece de experiencia, ella no ha amado, no ha sido madre ni esposa. Tal vez por esta circunstancia, al escribir resulta una retórica eximia, cuando no una idealista prodigiosa. Esta célebre escritora cree, con un optimismo poco común, eii la posibilidad de una evolución más armónica de la vida sentiíiiental de las sociedades. Alguien ha dicho que los triunfos que no se coronan en París, carecen de gloria. Ellen Key vino á París en pos de ella, y el Salón de la Francesa, Sociedad feminista, le preparó una gran recepción. Esta conocida escritora dio una notable conferencia en este local, la que duró dos horas, durante las cuales habló, sin trepidaciones, exponiendo sus ideas, que son contrarias al sexo masculino. La asistencia de damas elegantes y de mujeres laboriosas fué numerosa; las cronistas tomaban apuntes para los diarios; las artistas reproditcían, en finos croquis, la silueta de la conferenciante, y las dactilógrafas dejaban correr sus lápices sobre las hojas de papel. EVANGELINA.