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por esos espacios de Dios. Les veremos volar so ¡Dre Madrid y dar vueltas á la torre de Santa Cruz, que es la más alta, y á falta de una de catedral ó de una Eiffel, buenas son tortas. Corremos el peligro, con lo impresionables (juc tro jardín meridional, cultivamos con preferencia la flor de un día. En un sentido bien distinto fué también héroe de las masas otro marino: Isaac Peral. La idolatría de sus días de fortuna necesitó Dios y ayuda años después para lograr un socorro destinado á la viuda y los huérfanos del insigne marino. ¿Plablábamos de ídolos? Ahí tienen ustedes á Stracciari, el notable barítono del Real, que acaba de entusiasmarnos con Rigoletto tan ó más que con Traviata, y desdo- luego más que con Tannhausscr. I- fa caminado de triunfo en triunfo. El último ha sido definitivo, piramidal. Sin embargo, nos convendría guardar un poco más el secreto, porque en cuanto se enteren los americanos nos le arrebatan y no le volvemos á oír. Caruso, Bonci, Sanmarco y tantos otros cantantes son prisioneros del poderoso dollar yan ui. El tío Sam nos quitó las colonias, nos (juita los cantantes y, por quitárnoslo todo, como decía un antiguo diplomático, hasta nos quita las muelas, teniendo en cuenta que son muchos los subditos americanos que practican la odontología por el viejo continente. Nota tristísima de la semana: la muerte de Querol, gloria legítima de España y del arle. Esa sí que no nos la arrebatal) an los americanos. Al contrario: Querol llevaba el nom! re de España á América colocándole tan alto, ¡ue á él sólo puede llegar la emulación. Pero nos le ha arrebatado la muerte, (juc, si no es lo mismo, es cuando menos una crueldad. 5i! ¡c somos, de que nos va a dar á todos por volar. Cuando se puso de moda el ciclismo no dejábamos la bicicleta ni para andar por los pasillos de nuestra propia casa. El diávolo nos hizo jugar hasta en la mesa cuando comíamos. El automóvil nos ha enloquecido. La fiebre de la aviación hace estragos en los Daises donde se practica. En fin, en Coblenti se ha ejecutado una sinfonía en honor de Zeppelin y de los dirigibles. Música descriptiva, por supuesto. Hay que presumir los títulos de los diversos tiempos de la sinfonía: Andante, agradables sensaciones que se experimentan en el aire; Scherszando, paso sobre una ciudad, gritos de alegría, sonar de campanas, ecos de la murga local; Allegro, tempestad en el aire, apuros del aeronauta; Adagio, calma, acción de gracias y refrigerio; Final, explosión del motor, catástrofe. A propósito de explosiones. Las de los celos están originando catástrofes sin cuento. ¿Se han enterado ustedes de las sorpresas terminadas sangrientamente unas y en papel sellado otras, que se han registrado estos días pasados? Pues vayan ustedes á convencer á la gente supersticiosa de que todo ello no es maleficios y trapisondas de la diosa Venus, bajo cuya influencia se ha deslizado este año, que empezó en viernes y acabará en viernes dentro de doce días, ¡si ustedes no dispenen otra cosa! c ¿Se abren las Cortes? ¿No se abren? Este c el tema político de actualidad. Macías, el ex auditor de Marina, ha comparecido ante un Consejo de guerra ue le ha juzgado. No despertó el juicio todo el interés que llegó á creerse en un principio. Y es que somos impresionables hasta la exageración. Los asuntos se gastan, las figuras que nuestra fantasía- -la tan acreditada fantasía española -agranda en un momento determinado, pasan también. En nues- Lo que tiene es (ue el país contesta en forma análoga á la de aquel examinando á quien preguntaba el profesor: ¿Pueden entrar los catecúmen; en la iglesia? -Por mí, que entren. A TGEL M. CASTELL.