Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
hUTHANASIA rj- E- A evacuar asuntos profesionales tuve que ii cierto día al manicomio del doctor Arques. E n busca del pabellón donde las oficinas están instaladas, atravesé el cancel del edificio, sombrío como poterna de fortaleza medioeval, internándome en el parque, primorosamente cuidado or floricultores habilísimos, pero exhalando un aroma de tristeza inenarrable, mayor aún que la (pie emana de los vergeles con que suelen algunos cementerios aristocráticos disimular sus negruras. De un macizo de hortensias se destacó un homb r e joven, apuesto, de fisonomía inteligente y simpática dirigióse hacia mi. -i Es usted médico, caíiallero? -preguntó cortésmcnte. -No- -respondíle. -L o celebro- -repuso. -Detesto á los médicos. P e r o sabrá usted griego, de seguro. L a incongruencia de la réiolica no dejaba lugar á d u d a tenía que habérmelas con un orate. Áíe creí en el caso de llevarle la corriente, asintiendo á sus desatinos. -E n efecto; el idioma de H o m e r o me es f; imiliar. ¡Admirable! Entonces podrá usted decirme lo que significa la palabra Euthanasia. Iba á contestarle cualquier cosa, descoso de susi: ieiider la conversación; para los no avezados al trato de los locos, tiene algo de diálogo de ultratumba el que se sostiene con un ser desprovisto de razón, cuerpo sin alma, especie de autómata viviente. Pero la palaljra en cues íión sonó en mi oído á cosa no ignorada; yo ha 1) ía Icíéo aciuello recientemente: ¡Euthanasia! Tal vez en alguna revista ó inagarjtnc extranjero... ¡Euthanasia Recapacité, intrigadísimo, y, más por satisfacer la propia curiosidad que por contestar á la pregunta del alienado, hice un esfuerzo ncmotécuico para extraer de la oculta celdilla cerebral e ¡recuerdo rebelde: ¡Euthanasia... P o r fin... -E s muy sencillo- -dije al loco. -Esa palabra quiere decir buena muerte. -E s verdad... ¡Buena m u e r t e Y, sin einbargo, la muerte no puede ser nunca buena... Xo fué buena muerte la de mi Elisa... ¡Tampoco fué buena la del médico... Sus ojos extáticos se perdían en el vacío; de todo su ser irradiaba un dolor profundo, indescriptible. ¿Qué tragedia ocultaba aquella vida rota? ¿E n qué pesar se hundió, ahogándose, a (iuei cerebro? Quise esquivarle, apesadumbrado; no me dejó; aferróse á mi brazo y me hizo caminar hasta UiU asiento rústico allí próximo. Y de sus lab ios exangiies brotó la historia de su vesania. -IT amos muy felices Elisa y yo... ¿Cómo no serlo si nos queríamos, y aún ignorábamos lo que era Entlianasia... lmposil) le que otros enamora (l; s fuesen más dichosos: l l e r o y T eandro tenían (jue luchar con los elementos para v e r s e Romeo y Julieta batallaban con seculares odios de familia; l h- ancesca y Paolo hubieron de traspasar las fronteras del crimen; en todos ellos, mezclado con su amor, había migajas de recelo, de pesadumbre, de remordimiento... ¡E n nosotros n o! Cariño, y nada más que cariño. El porvenir nos sonreía, el rescnte nos halagaba. Jóvenes, ricos, enamorados... ¿quién soñó mayor v e n t u r a? F r e cuentál amos la sociedad para exhibir nuestra dicha, no para buscar distracción al liastío, como