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bs de los antiguos tercios españoles que asombraron á uropa, y se puso en marcha i) ara Flandes. A la mitad de su camino fué llamado por el rey (le Hungría ara que acudiese á Alemania en auxilio de los imperiales amenazados or los suecos en el sitio de Xorlinga. Allí obtuvo el infante la victoria, y con estos laureles llegó á Bruselas en 1634. Unidos franceses y holandeses en una liga con el objeto de arrojar completamente á los españoles de los Países Rajos, tuvo el infante don l ernando, ayudado del príncipe Tomás de Saboya, que sostener con ellos formal campaña, penetrando en Francia y llegando á amenazar y poner en consternación, cuando no en peligro, á h arís en 1636, como dice el citado liisloriador. El cardenal infante dejó excelente recuerdos de su mando en Flandes, así como político, como caudillo de las tropas españolas. El ejercicio de las armas á ue fué tan aficionado, fué tan ecnitinuo y violento, que acabó por (quebrantar gravemente su naturaleza, y en el año 1641 fué acf; metido en el campamento de una fiebre maligna ue le obligó á retirarse á Bruselas, donde falleció el 9 de Noviembre. Su muerte fué llorada por a uel ejército y muy sentida en líspaña, ixircjue en realidad su pérdida irreparable se debió considerar como una de las mayores desdichas uc en aquellos fatales años experimentaron los esnañoles. CARLOS L U I S DE C U E N C a ANTONIO ALONSO PIMENTEL