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ESCENAS PARISIENSES EL C H A M B E R G O F E M E N I N O H s inútil... Las modistas de sombreros han intcntado lanzar imas ridiculas cestitas i) ara concluir con la moda de los g- randes soml) rcros, jero las damas parisinas no se dejan convencer. í. os sombreros grandes molestan no es verdad ucs, tijeretas han de ser I Las cestitas que habían querido imi) oner las modistas no tenían nada de elegantes... Las nnijeres parecían chiquillos con chichonera, y aune ue algunas se atrevieron valientemente á lucir la nueva moda con la soberbia intención de ol) lígar á las demás á imitarlas, han tenido que reconocer su derrota... Los grandes sond) reros, i) ucs, vuelven á estar á la orden del día... Pero com adezcámoslas... Estos fieltros que la moda acaba de lanzar son del tamaíío de catedrales, y tan i) csados, ue las infelices van agobiadas debajo de las amplias alas de los modernos chambergos... Eso sí... Son muy graciosos... Los liay de forma Directorio, los liay incroyabics- ¡y tan incroyables! -los hay de gendarme, los hav tricornios, á la Federica... Una modista ha ido más lejos v ha lanzado el fieltro á lo Xa) X) león copia exacta del famoso sombrero con ne nos pintan al pclil caporal en todos los grabados y caricaturas... De todas estas formas nuevas, la ¡ue parece haber caído mejor es la del tricornio... -M jjrincipio nos resulta im poco ridículo, cro cuand. o nos acostumbramos nos arece que no las va del todo maL. Además, el tricornio se presta para uc las aficionadas á sacar de uício las modas, hagan verdaderas locuras... Anoche, en el Vaudeville, se resentó una lama nmy conocida con la cabeza em olvada y luciendo un tricornio ribeteado de piel, re ro (lucción ik! l í Í i n gM íí KSAi- r f i it i B ilH R 131 ¡ILN l Mtii í Sk I 1 ys h. fidelísima del sombrero legendario del gra. n b edcrico... Asomado el busto sobre la barandilla del i) alco, la dama en cuestión rejuvenecía este picaro mundo en trescientos años y nos daba una visión eomplefa de lo que debían ser aquellas mareiuesitas libertinas del gran reinado... Mirábamos atentamente j a r a ver si descubríamos la presencia del joven abate inevitable, pero la realidad nos volvió á echar los trescientos años encima, cuando vimos detrás de la blanca espalda tur señor gordo, afeitado, con tres grandes pedruscos relucientes en la nítida echera. Después del tricornio, es el chambergo el (lUc goza de mayor aceptación... Las cocottcs ijrefieren el chambergo or ue á la sombra de las am las alas pueden timotcarsc cuanto gusten sin uc advierta la menor cosa el acomiiañante de turno... Además, el chambergo tiene otra ventaja... Xo necesita alfileres... En efecto, se le encasciuctan en la cabeza v no ha temor de que se menee... ¡L esa media arroba! Mientras las modistas idean ntievas diabluras, las elegantes parisinas se contentan con el chambergo y el tricornio y, en la duda, com ran ambos i) ara ver cuál de ellos las favorece más... Y cuando viajan, tienen que gastarse im ojo de la cara en cajas ad lioc para poder trans ortar con todo cuidado los modelos que se disponen á lucir en el pasco, en el té ó en el teatro... Ya se sabe que para cada una de estas ceremonias es preciso llevar tm sombrero distinto... y cuanto más grande mejor. líl guardarropa de estas elegantes ue triimfan en las carreras, en las grandes prcpiicrcs y en los espectáculos cliic. (lel) e ser algo fantástico y maravilloso... y sin endjargo, cuántas veces los maridos... ó los paganos, habrán sorprendido á sus adorables mitades delante de los roperos abiertos y repletos de tra, jes, de blusas, de faldas y de abrigos, diciendo muy convencidas: -Decidiidamente, ¡no tengo nada ue onerme! JOSÉ Jt: x CADFINAS.