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c mESA RLVUCLTA este tiempecito... ¿No tiene usted frío? ¡Ya lo creo... ¡Y mucho! -contestó soplándose los dedos. -Lo que no tenoo es abrigo. BUENA DISCULPA p 1 oficial de guardia, al hacer una requisa por el cuartel, llega á una compañía y se la encuentra á obscuras. ¡Imaginaria! -grita. ¿Te has dormido? -No, señor- -le contesta el soldalO, que surge de la sombra bostezando. -Estaba escribiendo una carta. ¿Conque escribiendo, eh? ¡Y in luz! -Mire u, sted, como es para mi rasa, va bien de cualquier manera. ¡NO CABE DUDA! una calle, P I asaba un entierro por presenciay uno de los que lo ban se acercó á un acompañante, preguntándole con sigilo: ¿Tiene usted la bondad de decirme quién es el muerto? -Mire usted- -contestó el interro- gado, señalando al coche mortuorio con mucho misterio. ¡Es el que va dentro de la caja! nuevo sus tropas para intentar otro ataque. ¿Dónde queréis que vayamos? -le gritó un oficial. -Delante nos espara la muerte. -Y detrás la vergüenza- -repuso PENSAMIENTOS La falsa modestia es la más decente de todas las mentiras. ClTAMEORT. Catinat. Las letras sirven de adorno en la prosperidad y de con suelo en la desgracia. ARISTOTFXES. CANTARES IIUSTRADOS Quien no tiene un buen amigo á quien fiar sus dichas y sus males, en todas partes es extranjero. AROLA. S. En el deber está la limitación del derecho. BAL. -VGUEK. Sansón es la imagen del hombre. poder y debilidad. RENGLONES CORTOS MIS CANTARES Yo quisiera concentrar en un beso toda el alma para podértela dar. Bien empezamos la vida... Si tti te cansas de andar no te extrañe que yo siga. A veces hago reír, y á veces hago llorar, y otras veces digo cosas como dicen los demás. Los dos en aquel entonces pusimos el corazón, si después nos olvidamos la culpa fué de los dos. No luches, no luches más... No te empeñes en pedir lo que no te quieran dar I GLORIA DE Ly PRADA. EN LA PLAYA ANÉCDOTAS EL PRETEXTO p i c o l a s Saunderson, célebre matemático inglés que fué profesor de la Universidad de Cambridge, era ciego de nacimiento. Hallábase una vez en cierta reunión, y dijo, aludiendo á una señora que acababa de marcharse: -Esa señora tiene una hermosa dentadura. ¡Es cierto! -contestó uno de los. contertulios. ¿Cómo lo habéis adivinado? -La he oído reírse constantemente, hasta de las cosas más tontas- -repuso Saunderson, -y supuse que lo hacía para enseñar ios dientes. UN BUEN. CONSEJO U n pródigo se quejaba á Sócrates, diciéndole que no tenía dinero. -Si queréis tenerlo- -aconsejóle el sabio- -haceos un préstamo á vos mismo v pagáoslo cercenando vuestros gastos. i ADELANTE I R I mariscal francés Catinat, uno ele los mejores capitanes de Luis Z I V fué heridc en la desgraciada batalla de Chiari, pero sin que su áiiimo decayera por ella reunió d e A tm sabio pregunté un día con qué se cura el amor, y saqué un, a consecuencia... i que estaisa de mal humor! -Yo quisiera ser del moro y en el moro haber nacido, porque siendo el moro Musa no me hubieras conocido. i Oh, mar, tienes la virtud, aunque tu perfidia engaña, de devolver la salud al que en tus ondas se banal En tu seno proceloso siento un placer sin i. gnal, y eres salado y hermoso. ¡Ole, que viva tu sal! No comprendo, linda Inés. cómo tan furiosa estás porque el mar besó tus pies, cuando hay quien se atreve ámás. En la laya suelo ver á veces entre la gente, hombres que suelen tener fama en el mundo de ser borricos completamente.