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exltibió en Madrid ima Concepción de Murillo el día del Corpus, y fué tan extraordinario el efecto que en el púl) lico produjo sii contemplación, ue llegó á noticia del rey Carlos II, que á la sazón tenía diez años de edad, y ordenó C ue -i- era á la corte como sti i) intc. r de cáittara. Un distinguido caballero, amigo del artista, me residía en la corte y se lamal) a I) lu- ancisco i íminente, se encargó le connmicarle la invitación, del joven monarca, con el más vivo deseo de uc- Mmdllo aceptara y medrara en ATadrid; pero no pudo conseguirlo por ¡ue el carácter del pintor era opuesto al bullicio de la corte. En realidad la propagación del mérito de tan esclarecido artista se del) e á Carlos 111 y su segunda uuijer doña Isabel de lóarnesio cuando residieron algi m tiempo en Sevilla. Ca reina so- bre todo, encantada aiite las obras del pintor de las Concepciones, adciuirió muchas de ellas para su i) alacio de San Ildefonso y los grand? s siguieron su ejcm lo los magnates extranjeros ne en la corte residian hicieron lo i ropio, llegan fio á hacerse moda poseer obras de VUnállo. ICl cuadro uie se publica á todo color formó parte de la colección adquirida or la citada reina, y era compañero del de La Virgen de los Dolores, ya i) ublicado. Tiene 0,52 de alto i) or 0,41 de ancho. Jín este cuadro a arece el Salvador con la corona de esi inas en la cabeza y la irrisoria pt irpura anudada al pecho. VI Redentor, con la expresión de sublime mansedttmbre ante el escarnio de ¡ue era objeto en rcsencia del pueblo, inclina la cabeza liada la iz uierda. VA busto tiene el tamaño natural. CARLOS L U I S DF. C U E N C A LA VIEJA HILANDO