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Gran Vía, de la que venimos ocupándoncjs hace un cuarto de siglo. SI llega á necesitar ese tiempo Felipe I I para edificar El Escorial, todavía estaba en los cimientos. Veremos lo que ocurre con la Zarzuela. A estas horas no se ha pasado de unas funciones á beneficio de los perjudicados con el incendio. Con que hayan asistido pagando todas las personas que entraron sin pagar en aquel teatro, ¡exitazo seguro! Porque fué teatro de los de más tifus. Ahora, que no se ha llegado á un acuerdo sobr si es útil 6 no á las empresas teatrales el uso y el abuso de las entradas de favor. Un teatro poco concurrido hace que se retraigan á los concurrentes que pagan. André Antoine, el director del Odeón, de París, iiablaba el otro día en una conferencia de los billetes de favor, de los que es partidario. Sino que exponía esta ingeniosa idea: L o mejor sería- negárselos á los que los solicitan y dárselos á los que no los piden. U n a indiscreción. Como nos la contaron 1 a ontamos. Se celebraba en el palacio de la infanta Isabel a fiesta en honor del Rey de Portugal. Nuestro i e y sale un momento del salón de fiestas y se mcuentra á Benavente, á quien felicita por su iltimo triunfo teatral. La escuela de las princesas. E n aquel momento pasa cerca Fernando Mendoza, á quien el Rey p r e g u n t a ¿Cuándo estrenáis algo de Benavente? -Señor, muj- honrados cuando él cjuiera darnos ma obra- -contesta el ilustre actor haciendo una orrectísima reverencia. H a y que advertir que autor y actor andaban lesde hace algún tiempo así un poco distanciados. Ojalá que una vez más la casualidad ea la madre de los acontecimientos. Y que esa casualidad regia sea la madre de un nuevo acontecimiento teatral con letra de Benavente é interpretación de María y de Fernando. Vayan ustedes al Real, si no han id (3 ya, á oír á Stracciari, el gran barítono, el artista del día. No hagan comparaciones, que siempre son odiosas, ya lo saben ustedes, y reconozcan que la cuerda de los barítonos está en auge como lo estuvo un día la de los tenores. Stracciari triunfa, vence é impera. El sexo bello le encuentra guapo, distinguido, elegante; agreguen ustedes que también halla en él, como halla él sexo feo, voz espléndida y arte exquisito y comprenderán ustedes que Stracciari sea el ídolo del día entre el público del Real. I. a Storchio es la ídola. ¡Qué gracia de mujer! i Qué manera de sentir y de expresar! ¡Qué Manon y qué Traviata las suyas! ¡Qué Wolf ram y qué Germán los de él! ¿Y qué dicen ustedes de la Carmen que hace María Gay? ¿H a n dejado ustedes ya de discutir este tema? Lo que de veras nos contraría á los admiradores de la gentilísima Storchio es que se nos luuera todas las noches. Manon ó Violeta, ello es que acaba por morírsenos toda. Y del pecho, por más señas; y esto en los tiempos en que tanto ha adelantado la ciencia, cuando la tuberculina hace milagros y hay eminencias como los Verdes Mon- tenegro, Sañudo, Espina y Capo, etc. no está bien, i no, señor! Va á haber que hacer lo que en P a u y en El Cairo, donde sólo se permite cantar óperas en que las tiples mueran á mano airada, porque lo cjue es de enfermedad común, y menos de las del pecho, no puede morirse nadie en aquellos países de clima benigno ¡ni siquiera de mentirijillas! i: Consolémonos. Los datos estadísticos que ha publicado la Municipalidad demuestran que en e! mes de Octubre sólo nos hemos muerto 7i vecinoí de Madrid más que en Octubre del año pasudo. El distrito de menos mortalidad ha sido el Ac Centro, y el de más, el del Hospital. f j Parece lógico que muera más gente en el 1- Io. spital. Como es lógico que los vecinos del Centro se muestren satisfechos de su suerte de vivir, i porque es evidente que viven en su Centro! Terminaron sus reuniones los ingenieros industriales cjue constituyeron una Asamblea en el Ateneo. Sus debates fueron interesantes, pero, ¡al fin españoles! tuvieron también discrepancias, sesiones secretas, divergencias... Sumaron irimcramente adeptos y reconocieron la necesidad do multiplicarlos, luego se dividieron al discutir algunos asuntos. ¡Buenos matemáticos! Al fin, ingenieros. A aquella Asamblea han seguido la de los transportes y la de los harineros. J a de los transportes revela ior lo menos cjue vamos marchando, y la de los harineros, que hay harina. Y donde la hay no liay mollina. Se ha m u r m u r a d o de lo lindo los días pasados. ¡C l a r o El calorcillo de las estufas que em iezan á encenderse invita á la murmuración... La boda aristocrática deshecha apenas anunciada oficialmente... Pues, ¿y la inesperada desaparición del joven distinguido que deslumhraba con sus orgías y sus joyas... ¿Y la sorpresa por el marido de la dama escapada de Salamanca? Sobre todo de este último drama, la gente querría saber más, mucho más... P e r o ya lo dice el vulgo: E l que quiera saber, que vaya á Salamanca ÁNGEL M. a CASTELL.