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LOS DÍAS PASADOS... T abló el mes y, como siempre, al doblar ofre ció ocasión á los madrileños para ir al P a r d o á celebrar la fiesta de San Eugenio I, arzobispo, y á comer... bellotas. ¿Q u é tiene que ver San Eugenio ni el arzobispado con las encinas y su fruto? Incongruencias tradicionales son éstas para las cuales no tiene doctores la Santa Madre Iglesia íiue os las sepan explicar. Pero, en fin, gente fué al Pardo el lunes, porenvolturas de tímidas y ariscos mininos. i Nos valga el cielo, ha hecho este año por rrascales y esos tejados Sj! liebres, inquietos conejos los estragos que la moda esos tomillares y esos ca de D i o s S Slc Nos quedamos tan descontentos con la alisolución de M e g la viuda de Steinneil; pero todavía duran los comentarios. El Jurado haqirocedido gallardamente y galantemente. Por contestar n o á todo, hasta contestó que no á la pregunta de si M e g es hija de madama J. apy, cosa que la acusada no ha negado, pero que, además, consta oficialmente. De modo que la famosa viuda puede decir lo ue Loreto I rado cuando hace de golfillo en una popular zarzuela: -Yo no he tenido m a d r e soy hija de una tía mía, E s verdad que si al J u r a d o se le pregunta si existe M x g y si ha comparecido ante él, contesta también negativamente. De todos modos, es consolador observar que se ha averiguado que el matrimonio Steinheil tenía en su poder la noche del crimen 4.594 francos con 65 céntimos cabales, ni uno más ni uno menos, lo cual demuestra que la balanza de Themis es una balanza de precisión. Pero no se ha logrado precisar un solo miligramo de culpabilidad ¡lara nadie. A otra cosa. Parece que ahora va de veras lo de la Gran Vía. Regañaron D. Alberto y el conde de Peñalvcr el día del concurso por un quítame allá esa máciuina fotográfica; pero son buenos muchachos y ya se ajuntan. M u r m u r a s e por ahí que ya se está acopiando material para las obras. Puede que se exagere, que en Madrid hay gente para todo, á buscar la montanera, pero lo que es bellotas, ¡ni catarlas! La razón es sencilla. No la comen ni los cerdos. No la hay. La encina padece una enfermedad, mejor dicho, una plaga. U n a especie de oruga (jue se come la bellota. Se cree que para otro año la hal) rá, porque el enemigo ha muerto. No ha tenido que comer este otoño y, naturalmente, se la llevó Pateta. Sin embargo, hemos cumplido la rutina de ir al Pardo á comer bellotas Claritamente lo venimos diciendo hace muchos años, sin erjtncio de rom er la crisma al prójimo ¿ue se tome la libertad de compararnos condos cerdos, los puercos ó los marranos en cualquiera otra ocasión y con cualquier fútil motivo. Así somos de lógicos. H a sido la única medio fiesta ue hemos tenido entre semana, con gran descontento de las em resas de csi) cctáculos uc en cada día de fiesta recogen una co iosa cosecha. Fuera de eso, los domingos no se señalan en Madrid más que i) or el aseo aderezado con un concierto de la banda municii: ial en Recoletos al mediodía. A él acude el Madrid elegante y el ue pretende serlo luciendo sus trapitos de cristianar. E n la ocasión presente pudiera decirse pieles de cristianar y, mejor aún, cristianadas, porque bautizadas están con los nombres de zibclina t o p o a r m i ñ o etc. las que fueron rnís? ras pero también puede afirmarse que haljrá quienes queriendo poner algo estén poniendo chinitas... Esto es muy español y, sobre todo, muy madrileño. Y á propósito de obras. ¿Reedificamos ó no el teatro de la Zarzuela? 1 0 estamos discutiendo y ya se sabe que a uí las discusiones son reposadas. Dígalo la propia