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ANO XIX REVISTA ILUSTRADA f N U M 968 M A D R I D 20 DE NOVIEMBRE DE 1909 I I ll VI síT á LA GUARDABARRERA j a noche era obscurísima, de boca de lobo; llovía á torrentes y el viento daba ramalazos en todas direcciones, arremolinando el agua que caía, haciendo chocar entre sí las recias gotas y estampándolas con furia contra las paredes de la diminuta casa del gviardabarrera. ¡Dios mío, qué modo de llover! ¡Qué imponente era el espectáculo de la tempestad en el ano- osto valle, entre las peiias neg- ruzcas de aquellas montañas! Los relámpagos dejaban ver de vez en cuando las dos rayas paralelas de la via, mojadas, relucientes, que se perdían por ambos extremos en las aberturas tenebrosas de los dos túneles. Aquella vía pasaba por países poblados, donde las gentes se podían prestar mutuo auxilio en caso necesario; conducían á ciudades y caseríos opulosos, donde había medies cíe defensa centra los males y necesidades de la vida. En cambio, por los ribazos y barrancos, en los terra lenes y trincheras que rodeaban á la miserable caseta no imperaban otros elementos que los destructores de la temerosa tempestad. Y más terrible aún era la que descargaba en el interior de la caseta. El guardaliarrera, llamado con urgencia por el