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Ctt O REVISTA ANO XIX MADRID I LUSTHADA N Ú M 967 i3 D F DE igog JLrE. 0 p i í A mi perro de casta mdefinible y que, seg uramente, no pasaba por ser un tipo de belleza y distinción entre las perras de cultivado gusto- pero era simpático, inteligente y de probada vocación marina. A esta última cualidad debía, principalmente, el que figurase como un individuo, más en el rol de la tripulación del bergantín. Comía niejor que la gente de proa, porque tenía puesto en. la mesa de los pilotos, y no hay que decir que sus obligaciones y faenas eran infinitamente menos penosas que las de 30 la dicha gente. Ninguno de los marineros se quejaba, sin einbargo, de semejantes privilegios á favor del perro, y todos le profesaban una sincera estimación. Se llamaba Airoso, como el bergantín, aunque realmente estuviese más justificado el nombre en el barco que en el can. Su personalidad, digámoslo así, se perdía en el misterio. El bergantín le encontró un buen día en alta mar, navegante sobre un cajón vacío. Con el