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Oí í CUXTABAN en cierta ocasión á un poeta dramático asaz perezoso: ¿Q u é tal va esc drama que está usted escribiendo... Y el indolente autor contesto rápidamente: Iuy adelantado. Ya tengo heclios los entreactos. L a anécdota tiene gracia, pero en ella no se concede al entreacto la imi) (jrtancia c rie en r: a lidad tiene. P a r a mucha gente, y sobre todo i) ara las mujeres, tienen mas atractivo los entreactos jue la obra representada. i Poco le im orta á la de Antúnez que el drama sea de Sakespeare 6 de Calderón! T. o cjue le interesa es que tenga miiclias jornadas para que el número de descansos sea el maj jr X) siblc. ¿Cuántos actos faltan? -suele preguntar esta niña á n: itad de la comedia. Y no lo regunta i) or (jue el interés de la acción dramática la haya concjuistado, sino K) r averiguar, restando, los entreactos ue aún uedan. L a de Antúnez va al teatro jiara ¡ue la vean sus amigas, para que la saluden sus conocidos y para que A r t u r o pueda acercarse en los entreactos. La de iVntúnez entra en la sala, y lo i) rimero ue hace desde la butaca ó desde el palco (jue ocupa es recorrer el i) úl) lico con la vista. Después, haciendo con los dedos de la enguantada mano ima especie de adiós! cariñoso, va saludando á sus arnignitas. afectando en este último saludo cierta indiferencia y frialdad. E s t o de saludar en público á la novia con poco interés es de muy buen tono. P e r o al poco tiempo el efecto conseguido por este cortés apartamiento, rjue la educación impo- x Verificadas estas (rperaciones, la le iViilúnez no tiene otra misión ue la de esjjcrar, im adeníe, los entreactos, enas cae el telón, la niña muéstrase nerviosa, y de vez en cuandc mira hacia atrás para ver si su adon- ado tormento aiiarece por la mampara que da acceso al asilío central de las butacas. Por fin, A r t u r o se presenta, y con amabilidad empalagosa saluda á la mamá y luego á la niña, ne, desaparece absolutamente. Arturito, apenas la familia se distrae, se sienta en la butaca vacía, que acaso el propio padre de la novia ha tenido btten cuidado de dejar ijretextando que sale á fumar un pitillo, y se abalanza sobre la Antúnez, comiéndosela con los ojos y cuchicheánd (3 a, muy cerca del oído, galantes frases. Desde las butacas ó palcosq róximos se comenta con maliciosas sonrisas el dúo amoroso, y cuando el abono se acostumbra ya á presenciar tan sugestiva escena, abandona la observación, y dejando en paz á los entusiasmados amantes, asan éstos á la categoría de curiosidad i) roi) ia de aquel teatro. -M i r a los ncnios de la fila sexta. listo es lo más (jue de ellos dice cualcjuier abonado ue sirve de cicerone á algún amigo que por única vez asiste al coliseo. VA maldito timbre i) one fin á estos eróticos entreactos. ICl pa á aparece por e! asillo; el ollo. i enas le ve, se levanta y, muy ñno, ofrécele el asiento, líl futuro suegro le da una palmadita en el hombro, y la niña le despide con una mirada y un gesto que quieren decir: Qtie vuelvas luego Y, efectivamente, al otro entreacto ya está all; -Arturito, y así, durante temporadas y temjjoradas, pues estos novios teatrales son más duros ue iedras ara el matrimonio. Los entreactos para la Antúnez son, ptics, agradabilísimos. No así i ara otros señores del ptiblico, que se aburren soberanamente y que no hacen otra cos: sino exclamar: