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Pero también tuvo Vergel un poeta dclensor y amigo, y de los más admirados y fanicscs. Lope de Vega, el fénix de los ingenios, el princi. je de la escena española, dedicó su comedia El tiiejor mo. zo de España á Pedro Vergel, criado de la Casa v Corte de S. M. en uno de los tomos de sus obras dramáticas, donde en sendas dedicatorias figuran la duquesa de Frías y condesa de la Roca, los duques de Maqueda y de Alcalá, el conde de Villamor, el marqués de Cañete y otros no menos esclarecidos y nobles señores de aquel tiempo. Las frases laudatorias con que Lope celebra al denostado alguacil no pueden ser más expresivas y lisonjeras. ¿A quién no mueve el ánimo- -dice- -para estimar á vmd. amarle y conocerle, ver juntas en un sujeto tantas cosas dignas de alabanza, que de cualquiera dellas se honraran muchos? La nersona, el brío, el buen gusto, el donaire, la gala, la condición, la liberalidad, la honrada lengua, el espíritu levantado á cosas grandes, la destreza en las armas y el valor en la ejecución, son tan notables ejemplos que, habiendo hecho pedazos (con sólo la capa y la espada) dos toros ferocísimos en Lisboa, preguntaban algunos fidalgos á los criados de S. M. si vnid. era portugués ó había deseado serlo... De la envidia dijo un sabio que carecía de sueño por no perder un instaiitc el ejercicio de su infame lengua. Vmd. con la csjjada y yo con la pluma echémosla deste lugar, que á vmd. ayudará el capitán Contreras y á mí el Ledo. Juan Pérez de Montalván, que nació donde vmd. y yo nacimos. Reciba, pues, agora con el gusto que suele uc íi. Wirnii Vmd. sólo ha tenido manos para defender amigos, lengua para honrar enemigos y vara para prender voluntades. III ¿Eran sinceros los elogios de Lope, un tanto sospechosos por lo extremados? Eran correspondencia: y pago á las pruebas de afecto del alguacil, defendiendo á I- ope en los teatros contra los ataques de los malos poetas? ¿Eran protesta y censura de los libelistas satíricos que escarnecían el nombre y la honra de su amigo? A juzgar por cierto diálogo que se halla en la jornada tercera de La viuda valenciana, de Lope, éste era enemigo de esas injuriosas sátiras personales. cVALKilio. Una sátira le haganioE. OTÓ ¡Vive Uios cine es g ran bajeza! Sin duda le deshonramos. LTSANDKO. Teniendo tanta nobleza más corridos nos quedamos. OTÓ: T. as sátiras invectivas que dan en las llag- as vivas. son para la gente baja. jOiié bien aquesto me encaja: I unca digas nial ni escribas. Pero precisamente desterrado en Valencia cstuvo Lope por el mismo delito que Salas Barbadillo: por una sátira contra varios comediantes en que á ellosy á ellas trataba tan sin piedad, como Villamediana: y Salas trataron á Vergel, compañeros 3 consortes. El mejor mozo de España como Lope le llamaba, aplicándole el título de su comedia, el valeroso alguacil toreador, que asombró en Lisboa por su temeridad, empuje y destreza, no legó por ello fender mis cosas de los malos poetas en ios teatros públicos, esta comedia intitulada El mejor moso de España, que, cuanto á mi juicio, la he dirigido al mejor mozo de España, dejando en su veneración la dignidad real, siempre desigual á toda comparación. nombre á la posteridad, coronado con las pomposas alabanzas del gran poeta. Si hoy alguna vez se le cita es recordando el frío y retorcido equivoquillo de los diamantes: adiamantes que fueron antes de amantes de su mujer FELIPE P É R E Z Y G O N Z Á L E Z OlEl- JOS UE E. ESTEVAfJ