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PERSONAJES E S T R A F A L A R I O S EL ALGUACIL VERGEL os ilustrados editores de la Colección de escritores castellanos iiublicaron, aún no liacc mucbo ticni 50, el tomo primero de las obras de Alonso Jerónimo de Salas Ilarbadillo. que comi rcnüe las intituladas Corrección de vicios y La sabia Piara mal sahidilla; y, coincidiendo con la feliz idea de esta reimpresión, dos disting uidos periodistas, los señores González Blanco y López Barbadillo. inauguraron una colección clásica de obras i) icarescas con La hija de Celestina, una de las primeras ro ncciones le aquel ingenioso y fecundo iioeta v novelista. Con la simpática figura de éste, cpie en sus verdes años fué también bombre arriscado y mordaz satírico, resurge la de uno de sus contein oráncos, que fué á la vez una de las víctimas de su malicia epigramática y ctiyo nombre, aunque or muy distintos conceptos, es todavía nojiular y famoso. Pedro Vergel, alguacil de corte, muy conocido y celebrado por su valor y destreza en las lides taurinas, babía salido de iíadríd á fines del verano de 1603 con sus compañeros de oficio Pero de Sierra y Jerónimo Ortiz y sus tres respectivas mujeres, desterrados todos or ciertos escándalos de éstas y ciertas tolerancias de ac uéIlos. Salas Barbadillo, con este motivo, dio rienda suelta- á la mordacidad satírica y compuso contra ellos y contra ellas versos de picante causticidad, pasando asimismo revista á otros maridos y mujeres por el estilo, que en total llegaban á una docena de matriI monios naíla edificantes, por lo que el poeta llamaba á los tolerantes esposos los doce Pares del Rastro Encausaron á Salas Píarbadillo por sus composiciones injuriosas, acumuláronle otros cargos por cierta pendencia y heridas, según consta del proctso ue el erudito Sr. Uhagón publicó en 1894, al reimprimir (l s novelas de Salas en la Colección de biIdióíilos españoles y fué condenado á multa y destierro, aunc ue aquella le fué alzada y este reducido c 1 benevolencia á los pocos meses, confirmada con el ipidulto, uc le permitió volver á esta villa y corte. II La magnanimiíbid real alcanzó también á Pedro Vergel, el alguacil desterrado y zaherido, pues aun ue ignoro si también fué indultado de la pena iml ue 5 ta entonces por el mal vivir de su esposa y el buen condescender suyo, es lo cierto que no sólo recobró su oficio ele alguacil, sino que también reculieró la gracia regia como criado de S. M. Xo fué esto é) bicc jjara c ue otros poetas maldicientes, y con especialidad el implacable y sañudo conde de Villamediana, siguieran lanzando sobre el pobre alguacil los más injuriosos epigramas, algunos de los cuales, aun siendo rematadamente malos, no sólo por la intención, sino or la forma, sún se recuerdan y rci) iteii ¡erpetuando la afrenta y el agravio.