Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
calidades modestamente. Con gran solemnidad la Orden Carmelitana. Es la seráfica doctora la santa más española, y de las santas españolas la más popular en extranjeras tierras. M i r a r de cerca su vida y su obra- -ha dicho con frase feliz la insigne Pardo i) azán- -es asomarse á un lago encantado, en cuyo rondo cristalino suenan misteriosamente las campanas de una iglesia sumergida. A Alba de Tormes van estos días cregrinacioncs que visitan el templo donde la Santa está sepultada, donde se exhibe su corazón rodeado de es inas y donde se conserva intacta la celda entre cuyas paredes escribió algunas de sus bellísimas páginas y cerró para sicm re sus ojos la humildísima carmelita y la hijodalga castellana, gloria legítima de España y de la Iglesia. También en Alba, como en Zaragoza, se ve estos días algo típico, algo que se conserva castizo á través de las revueltas de los tiem D (js: el charro gallardo con su traje negro, ceñido y cargado de grandes botones de plata, y la charra, en cuyos manteos bordados con hebras de seda y de oro iiarece haberse estrellado el Arco Tris. listos cuadros tienen además por bellísimo marco el imixjnderable otoño de Castilla. Si de Castilla y de Aragón saltamos al Norte nos encontramos en un Congreso de turismo, celebrado la semana pasada en San Sebastián. Falta hace, porque el turismo se practica poco en España y hay elementos para practicarle. I. a Naturaleza ha sido pródiga con nosotros. Hay que hacerla esa justicia. Por lo demás, la tarea es un poco a r d u a hay que buscar facilidades para viajar fácil y económicamente y para vivir con comodidad. Ferrocarriles, carreteras, hoteles, cultura... y lo demás es coser y cantar. En Santiago el Congreso de Ciencias Médic. is ha examinado cuestiones trascendentales y temas que ponen los pelos de punta. En Valencia los secretarios discutieron asuntos rofesionales. No marchamos mal de Congresos. Cuakjuiera de ellos más simpático y más útil, por poco prácticos que á la larga resulten, que el que tenemos la desgracia de adecer á diario en este Madrid le nuestros pecados. Madrid c i ya animadísimo. Todavía circulan los vestidos y los sombreros, ya descoloridos por el uso y por el sol, del verano p a s a d o todavía se observan las caras largas de los que dejaron en el veraneo más pesetas de las consagradas en el presupuesto doméstico; tornan los automóviles tan flamantes como se fueron; por ellos no pasan (lías ni por los transeúntes automóviles; se reanudó el paseo crepuscular en la Carrera de San Jerónimo con sus asiduos concurrentes que se ponen por montera las circulares de Alanis en punto á piropos y groserías; las terrazas de los cafés están cuajadas de gente ociosa que discute á Marina, á M a u r a y al mismísimo V e r b o los toreros se van á América y los que se que- dan aquí hacen la rueda á Mosquera del mismo modo cj ue éste se la hace al público- -por no decir que la Pascua; -la banda municipal reposa tranquila por ahora, y falta la hacía, porque su existencia ha sido la ejecución de una de las obras fiue todo buen violinista tiene en su repertorio: el movimiento continuo, de P a g a n i n i los teatros, en fin, siguen tirando... Hasta ahora no se ha cerrado ninguno. Ya es algo. El Esnañol se abre ronto. l fL habido que suprimir en él unos cuantos palcos jirincipales y otros cuantos segundos. Menos mal si paran ahí las supresiones. De aquí á un mes él, el l e, al y la Prince: a en leno funcionamiento. ¡Y cjue nos vengan luego con que si las minas de Beni- Buif r u r! Preocupaciont del día: las elecciones. La de diputaciones provinciales, ue está al caer. Nos habíamos hecho la ilusicm de que ya no padeceríamos eso; pero así las gasta b. Gaceta iublicando en sus columnas ora datos demográficos, según los cuales todavía h. ay tifus exantemático, ora disposiciones convocando á elecciones rovinciales. Y la elección de sitio para la construcción de Matadero y el mercado de ganados. El Ayuntamiento recibe ofrecimientos varios de miles de l) ies de terreno. Menos mal. Así podrá resultar un milpiés, pero se evitará un ciempiés. ÁNGEL M. a CASTELL.