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ESCENAS PARISIENSES Un rcslaurant de noche- ¡estau- cos la pieza, y el camarero os mete en la vuelta una rant de Jiml- s el sitio más clu c. pieza de cinco francos, falsos los cinco. Por espacio de dos horas habéis estado muy incóEl propietario suele ser griego ó belga; los mozos, suimodos, estrujándoos unos contra otros, sin atreveros zos; los bailarines, españoles; el chasseur, inglés, y el público, americano. Se bebe 7 uiiky aiid soda... A esto se á hacer el menor movimiento por temor á las puntas de las agujas de los sombreros... Pero os habéis dile llama un establecimiento bien parisién. vertido muchísimo y, sobre todo, muy econóniicanieuLa primera vez que entramos en un saloucito de te... Un refresco de limón uo cuesta más que dos fran éstos nos aburrimos mortalmente. Sou locales reducidísimos, en los que apenas caben cuarenta mesas. eos, una botella de champagne, veinticinco; un sanwichf Los clientes tienen que estar los unos encima de los seis... Cada tres minutos los músicos pasan el platillo, otros; la atmósfera es irrespirable; la música- -una las bailarinas sacan lo que pueden, la encargada del especie de orquesta de Parrondo; una guitarra, una guardarropa os pide un franco, el chasseur oí o... Total banduiria y un piano- -no descansa un solo instante... hora y media de diversión y cien francos fuera del bolsillo... ¡literatísimo! H y que hablar á voces para entenderse... En estos lugares el noventa por ciento del público Suele haber en estos lugares un chansonier q i no ya supondréis quiénes le componen: españoles y arcanta más que cosas tristes, muy tristes; sentimentales, muy sentimentales... Las palabras son siempre las gentinos. Españolas y argentinas son las damas cjue hacen vivir á modistos, sombrereras y joyeros. Argenmismas, los versos dicen idénticas cosas... tinos y españoles son los que enriquecen á mozos y Los señoritos, que á estas horas andan ya á meaios pelos, escuchan al chansomer embelesados y conte- patrones. Somos, argentinos y españoles, los seres niendo los rumores de la soda en el estómago. Las éiS primos del planeta. Es verdad que la primera vez que entramos en muchachas alegres se comen al chansomer, le guiñan uno de estos cabarets nos aburrimos como ostras, pero el ojo y le aplauden á rabiar. Cuando el chansomer concluye el refrain con un ni- al día siguiente volvemos, y al otro, y los sucesivos. Nunca falta una criatura bien pintada y bien vestida lito de voz en el salón reina un silencio religioso; que se toma mucho interés por coriegiruos los detodo el mundo está muy triste... Una voz g. ita: ¡Bravo! Una salva de aplausos estalla... Pero para fectos de pronunciación y perfeccionarnos en el idioanimar á la gente, la orquesta, sin darse un segundo ma. D e d u c e á cuatro de la madrugada es cuando mejcr se estudia la gramática. de reposo, rompe á tocar la Gitanelle ó la Maclncha, ¡Si tuviéramos esto en Buenos Aires! -dice un los músicos gritan; una bailarina comienza á mover lascaderasdesenfrenada; un señor, borracho del todo, americano entusiasmado á sus amigos. ¿Por qué no podrá existir esto en Madrid? -presale á bailar con ella, y un inglés, silencioso, bebe y gunta un español juerguista. cada vez (jue apura la copa la tira contra el suelo. Y todos hacemos coro exclamíindo: ¡Oh! ¡Cómo nos divertimos! En este instaute es- ¡Es encantador! ¡Es maravilloso! ¡Es cinc! Esto cuando la alegría rebosa y la mujer que está á vueses divertirse con elegancia y buen gusto! tro lado aprovecha la ocasióu para pediros medio Y cad; i cinco minutos se nos abre la boca como un loius que tiene que dar en la toilette por uo sé qué co sas; la florista os coloca uu ramo de rosas á tres frantragaluz! D IVIRTIENDONOS JOSÉ JUAN CADENAS.