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m c 0 Lecm A UN suenan fatídicamente en mis oídos las terrihles palabras. ¡Al colegio... Todos los años, apenas el mes de Octubre se aproximaba, mi l) uen padre sus endía, con tan severa expresión, mi juvenil aleg ría de veraneante. -Es preciso que volva. mos á Madirid. T. as clases van á empezar y tú tienes f ue ir al colegio. ¡Ir al colegio... ¿Hay cosa más triste para un muchaclnielo que ha pasado todo un estío correteando por playas y riscos? Yo recuerdo la dolorosa im resión que cuando niño me causaba la tal frasccita. ¡Y cuidado si hace ya tiem o ¡ay! de mi niñez I Pero era t; m grande la i ena con que yo veía aproximarse la época de ir al colegio, qv. e aun hoy, cuando el odioso y académico mes de Octuljre se acerca, siento una infinita melancolía. Pienso en los muchachos morenos y coloradotes, tostados i) or el sol de la sierra ó nor la brisa del Océano, que tienen que venir á sus hogares dispuestos al sacrificio escolar. Ks verdaderamente Ijrusca la transición. ¡Dejar ios abiertos campos i) ara meterse en la sala de estudios de D. ileliodoro... Abandonar la iVí el colegio es tan útil para la educación de los chicos conio los padres creen, ni es tampoco el colegio una obscura cárcel como los educandos opinan. En el colegio se divierte uno mucho. Es más el miedo que causa decir tengo que ir al colegio que lo que el acto mismo representa. Tan fuera de la realidad se halla el padre que cree que sin colegio no hay educación posible, como pelota de foot- huli ijara liarse á iniiitaníés con los logaritmos... ¡ílorrible, espantosamente liorrible! Pero lio hay remedio. Al colegio se le concede en las familias una iiniKirtancia decisiva. Y en verdad ue ijadrcs é hijos exageran en esto. el alumno que piensa que yendo al colegio es imposil) le la felicidad. Xi lo uno ni lo otro. Lo íiue pasa es que los colegios suelen ser malos; los profesores, adustos y severos, v el método de enseñanza, rutinario y cansino. I as familias tienen fe en el colegio porque mandando los chicos al colegio favorecen su propio egoísmo famüiar. IT ai) á c iic envía á su l uisito á cualcpiier colegio de i rimera ó segunda enseñanza, consigue de un golpe las siguientes ventajas; lü niño le deja en paz durante todo el día. Til padre se siente satisfecho i) orque así cree cum ir uno de sus más sac rados deberes: el de educar á, su hijo. El niño, por otra parte, va haciendo carrera (carrera de abogado, gencralmeníe) y va camino del consabido destinito por influencia paterna. Y, por íiliimo, el napa encuentra todo el problema resuelto sin necesidad de cavilaciones v sin otra obligación que la de abonar el correspondiente recibílo que. acomiiañado de las buenas notas del aplicado adumno, llega mensualmente á sus paternales manos. Para un padre no hay cosa mejor que un buen colegio, ¡Claro está que en elegirle estriba la dificultad del problema... Yo recuerdo estas visitas de elección de colegio, V las recuerdo como las más dolorosas pesadillas de mi infancia. Ir al colegio es malo, muv malo; pero cuando al colegio ue se va es al que ya en otros años hemos asistido, la impresión no es tan desagradable. Lo horrible es ir á un colegio nuevo. Lo verda-