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íma y áecotacionáe la. Casa de ia Conferencia en ¿a Isla de ios Faisanes y de resultas de la gran agitación de aquellos días contraio la enfermedad que le llevó al sepulcro el 6 de Agosto del citado año. Con razón dice el Sr. Madrazo que admiró el considerar cómo eti los ocho años que desempeñó aquel cargo encontró la manera de hurtarse á las minuciosas atenciones á él anejas y olvidar el prosaico dejo de la abnegación y de la servidumbre para realizar creaciones tan maravillosas como los cuadros de La Familia (Las Meninas) Las Hilanderas y San Antonio y San Pablo y revestir el más brillante personalismo que haya sido dado jamás alcanzar á artista alguno. ¡Causa verdadera sorpresa que haya podido Velázquez en los últimos ocho años de su vida, además de desempeñar el oficio de aposentador, que, según dice Palomino, había manestet un hombre entero, atender á la colocación de los cuadros de los Palacios de Madrid, El Escorial y demás Sitios Reales, disponer las pinturas de las techos y bóvedas del Real Alcázar, trazar la decoración de la bóveda del salón de los Espejos, acompañar de embajador de Francia en sus excursiones artísticas en 1659, dirigir é inspeccionar las obras de la ermita de San Pablo del Buen Retiro, y de la quinta leí marqués de Heliche y crear toda una nueva escuela de pintura con las mágicas obras de su tercer estilo! Velázquez trasladó á su admirable lienzo de Las Iltlanderas una escena de ia fábrica de tapices de Santa Isabel de Madrid. De muy antiguo se practicaba en la capital de España esta artística industria, y la fábrica de Santa Isabel llevaba ya muchos años instalada cuando Velázquez pintó su cuadro. Consta que en tiempos de Felipe I I se tejían tapices en Madrid, y si no existía entonces la fábrica citada, es indudable que funcionaba en el reinado de Felipe IV cuando Antonio Cerón obtuvo del Monarca un donativo en el año 1625 para aumentar telares y dar nuevo y mayor impulso á los trabajos. Respecto de la época en que Velázquez pintara Las Hilanderas no liay datos que permitan señalarla de un modo positivo, pero á falta de noticias está el cuadro mismo, pues por el estilo en que está ejecutado este lienzo, del que decía Meugs que estaba pintado con el pensamiento, se puede asegurar que es contemporáneo de Las Meninas, pintadas en 1556. Hace observar Madrazo que el taller presenta la forma de una capilla con su ábside en el fondo iluminado por dos ventanas colocadas á la izquierda del espectador. Una mujer ya anciana está hilando al turno cubierta la cabeza con una toca blanca y descubierta la pierna izquierda. I, a vieja hilandera tiene la cabeza vuelta, como hablando con otra mujer que está en pie á su lado sujetando una cortina roja. En el otro lado del cuadro y dando la espalda al espectador está sentada una robusta y gallarda moza vestida de verde refajo y con las mangas de la camisa levantadas luce un hermoso brazo devanando las recién hiladas madejas de lana, y entrega los ovillos á una muchacha que asoma por la derecha y coloca en el suelo un canasto. En el segundo término se ve otra obrera de la fábrica que viste refajo encarnado y queda en la penumbra porque la tapa la luz de la ventana un montón de ropa, la cual obrera está cardando lana en copo. En el fondo un rayo de luz ilumina un gnapo de tres señoras que están viendo tapices y á la sazón contemplan uno que está extendido en la pared y representa un asunto mitológico. RETRATO DEL REY FELIPE IV Este cuadro, cuyas figuras son de tamaño natural, mide 2,20 metros de alto por 2,89 de ancho, y decoraba el Palacio del Buen Retiro, pasando luego á la colección de Carlos III. De este admirable lienzo dice un moderno escritor con gran justicia que por lo perfecto de la ejecución, el realismo de las figuras, el vigor y la belleza, del claroscuro resulta una indiscutible obra maestra. CAULOS LUIS D CUEWCA. E