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ÜN ALTO EN LA LÜCEA HUMANA En el campo luchador, haciendo un alto en la lucha, así dice á la que escucha embelesada su amor: Cuando salgo de mi nogar y voy á luchar por ti, siento yo que llevo en mí la brava furia del mar. N o hay rival que me aventaje, ni poder que me contenga, ni temor que me detenga, ni enemigo que me ataje. De ti me voy alejando cual bandera contra el viento, que hacia ti mi pensamiento se revuelve tremolando. Vuelvo al fin triste y herido por algún dardo envidioso, con el puñal calumnioso en el corazón hundido H a r t o ya de la maldad de tanto espíritu insano, con el hedor inhumano que arroja la humanidad. Pero, al sentir el calor de tus miradas, advierto que parece que despierto á otra existencia m e j o r siento refacer mis bríos, extinguirse mis enojos, y á la risa de tus ojos van respondiendo los míos. Fuente y flor y luz de amorc. esponja de mi pesar, pues tan sólo con pasar borras todos mis dolores. Cual te quiero, vida mía, nadie te quiso jamás. Yo te quiero mucho más que tu madre te quería. Es tan grande el amor mío, tan verdadero, tan fiel, que no han podido con rl ni los años ni el hastío. v: Y yo que al fin he gozado de esta tierna inmensidad, siento profunda piedad por los que nunca han amadt Cuántos pasan por la vida sin gustar el gran sabor de estas delicias de amor con que el cielo nos convida. E n este m u n d o hallarás ciegos de diversos m o d o s ciegos del alma son todos los que no amaron jamás. Yo lo he sido hasta sentir este infinito placer con que tú me has hecho ver la ventura de vivir. Y hoy sólo le pido á Dios... mira tú cuánto te quiero, que á mí me mate primero al mismo h empo á los dos EAFAEL T O R R Ó M E DISU 50 DR FBANCÉB