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ANO XIX MADRID, 9 D E OCTUBRE DE 1909 é po NUM. 961 HISTORIA DE MUCHAS VIDAS ...Porque en la vida llegan todos. los hombres á un momento de crisis, al punto máximo, al punto de inflexión de las curvas matemáticas, un algo misterioso que enlaza el presente con la vida futura. Y todos podemos ser felices, porque la felicidad llama siempre una vez á la puerta de todos los mortales ¡ay! es tina sola ves, y casi siempre nos hacernos los sordos... ¡así anda el mundo... He aquí la causa de que yo cuente la historia de la crisis de mi vida, la- historia triste que todos tenemos, historia que sabrán sentir los hombres maduros y que. hará sonreír á los muy jóvenes; pero ¡qué importa! es la historia de muchas vidas... -Hace ya tantos años... Mi cabeza está hoy blanca, pero entonces mi pelo era negro y mis ojos reflejaban la alegría de vivir, esa inmensa alegría sabiamente glosada por- un poeta clásico. Yo para el mundo era teniente de navio; el mundo para mí era pequeño, una cosa insignificante, sin el menor asomo de trascendencia. Embarcado en la fragata Gloria, escuela de guardias marinas, nos disponíamos á emprender un crucero de instrucción por el Norte de Europa, y un buen día de cielo claro, sol radiante, mar azulado y viento fresco, aparejamos alegres, y salimos avante, hinchadas hasta reventar las blancas lonas del aparejo. Porque corrían á la sazón los tiempos venturosos de las flotas de vela; después ya no ha habido más que vapor en las marinas militares; pero al irse las velas se fué también con ellas toda la vieja poesía de la navegación: ¡se han ido tantas cosas... Hala, hala, mar arriba, sorteando vientos, descubriendo faros, marcando costas, haciendo millas, y así, suave, discreta, apaciblemente, henos una mañana, á cosa de las siete, embocando el fjord de... (no, no diré el nombre) un fjord noruego, ideal como todos. El viento, en catorce cuartas, llena nuestro velamen la fragata, sabiamente regida, vuela sobre el fjord, Y el fjord es un regalo para la vista. Verdes orillas, montes altísimos, plácidas ensenadas, bosques de pinos y de abetos, puehlines pintorescos que huyen, y allá en el fondo, encuadrando el puerto á que nos dirigimos, parques cuidados con esmero, en cada parque una batidera noruega que flota en los aires, á la sombra de esas banderas cien casas coquetonas multicolores, en esas casas mil ventanas de cristales que centellean, y tras esos cris-