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ARTÍCULOS DE VERANO, HORCHATA DE CHUFAS p L progreso y la cultura, á pesar de sus grandiosas invenciones y de sus trabajos incesantes de reforma y de n cjoramiento de todas las cosas, no logran suprimir por completo, aun en el transcurso de siglos, muchos ejemplares toscos y primitivos, que se conservan perfectamente al lado de los nuevos, reformados ó embellecidos. Cruzan los cami) os, vcrbi gratia, en vertiginosas carreras trenes rá jidos y aun rapidísimos y automóviles que parecen guiados por la locura de la velocidad; pero al mismo tiempo que los silbidos de las locomotoras y que las bocinas de los autos óyense Pero asi como la profusión de establecimientosde todo género no ha podido acabar con la venta ambulante, á pesar de reglamentos de policía y bandos de buen gobierno, de impuestos onerosos y de rigores alguacilescos, el ti o primitivo del horchatero ambulante se ha conservado y se anuncia no bien comienzan los calores con el tradicional pregón de horchaaata... hela Aquel tipo que en la colección de Gritos de Madrid grabada á principios del siglo xix, figuró con el rótulo Horchata de chufas ya veinte años antes había pretendido suprimirlo la autoridad por altas razones de higiene y de policía. Cerca de siglo y medio después, todavía el tii) o subsiste, tal vez en al, gunos casos con análogos defectos propios y con semejantes riesgos ajenos. ¡Para que creamos en la eficacia de las medidas gubernativas que imponen la reformación de las costumbres, aunque se funden en razones de tanto interés y de tanto peso como la defensa de la hacienda y el amparo de la salud! II En el año de gracia de 1784 existia en Madrid la Superintendencia general de Policía, y al acercarseel verano de aquel año, el señor su 3 erintendentedictó y publicó un decreto, que al cabo de tantos años bien vale la pena de ser reproducido. El señor don Bernardo Cantero y de la Cueva, caballero pensionado de la Real y distinguida Orden de Carlos III, del Consejo de S. M. en el Supremode Castilla, Superintendente general de policía de esta Villa, su Jurisdicción y Rastro: Para evitar los desórdenes que se han advertido en esta Corte, ocultándose personas de mala vida, ociosos y mal entretenidos con el pretexto de vender agua de cebada, horchatas y esteras finas, incomodando á todas horas del día con voces por las calles, plazas y paseos sin guardar orden alguno; y habiendo experimentado también que muchas de las aguas que éstos venden son perjudiciales á la salud pública; MANDO, que para evitar estos excesos en lo sucesivo se les haga saber á los que solicitan licencia para dicha venta que, con arreglo á lo mandado or Peales Ordenes, acrediten por testimonio de la Justicia de su pueblo y certificación de su párroco su aplicación, ejercicios, vida y costumbres en el término de veinte días; que se estén fijos en los sitios que se les señalen sin vagar por callos, paseos, Puerta del Sol ni plazuelas, colocándose númerocompetente para la conveniencia del público; y quelos demás se retiren á sus domicilios, siendo preferidos para quedarse los viejos, estropeados y débiles, reconociéndoles á éstos las aguas que vendan, siempre que parezca conveniente, para evitar que no las hagan nocivas perjudicando la salud pública. Todo lo cual cumplirán bajo la pena de ser tratados como vagos los contraventores. El Memorial Literario de ac uel tiempo, refiriéndose á la eficacia del decreto, escribía lo siguiente: Esta providencia ha surtido los efectos que se deseaban, pues en este presente verano se están experimentando, no solamente la quietud y silencio en las horas de siesta, sino también la buena calidadde las aguas que venden, las que bebe el público con toda satisfacción y sin el recelo de que le pudieran ser periudiciales á la salud. El decreto del superintendente general de policía de Madrid no pudo ser más acertado y oiDortuno. No sólo dejó fríos á los horchateros ambulantes, que tuvieron que irse con viento fresco, y á Iosconsumidores incautos que no sabían la frescura con que aquéllos los envenenaban, sino que al procurar que los refrescos fueran sanos, recordando antiguas Reales órdenes, realizó un acto verdaderamente propio de la estación. Refrescar la memoria. FELIPE P É R E Z Y GONZÁLEZ. DIBUJO DE MEDINA VEHA- ii; r X, todavía por caminos que se llaman reales y por carreteras que parecen fantásticas los cascabeles y campanillas de algunas diligencias que no justifican su nombre y de algunas galeras aceleradas que no justifican su adjetivo. Alternando con los lujosos bares, con las coquetonas cervecerías, con los elegantes puestos de refrescos más ó menos ingleses, aún subsisten las horchaterías durante el verano, ya en estererías convenientemente transformadas, 3 a en sencillos puestos, no siempre muy pulcros, situados en plazas ó calles á propósito, y donde, á la vez que la rica horchata de chufas la refrescante agua de limón y la clásica agua de cebada suelen expenderse unos helados que en algunas ocasiones han dado con los consumidores en la tumba helada también.