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han de ser, naturalmente, los que no lo han conseguido lial. iéndolo intentado. iMgúrense ustedes á Idiatam cuando su iese uc Blériot había atravesado en aeroplano el canal de la Mancha, ocos días después de haberlo intentado él con éxito casi feliz. Algo de lo ciuc él sentiría, sentirán los que no han llegado al Polo, si es verdad que Cook ha llegado. El caso es que Cook dice que sí; que ha estado en él, y que i) or cierto n o ha hallado nada de particular, cosa que ya su X) níauios. Lo único que so. specli; ibamos que iludiera encontrarse por allí ora algún anuncio del petróleo (jal ó de IJreña. P o r supuesto que el doctor Cook no nos ha ganado por la mano. Aciuí en Madrid tenemos el Polo Norte, ya lo saben ustedes, en la Puerta de Atocha con cinematógrafo al aire libre, charanga, limón helado y horchata de chufas. E n cualquiera de las revistas de género chico que se estrenen próximamente veremos colocado el chiste de Cook en el Polo Norte para decirnos, por ejemplo, ciue, digan lo que quieran los termómetros, con cok cerca no se puede sentir mucho frío en el P o l o ¿H a n visto ustedes qué de catástrofes de automóvil nacionales y extranjeras? Eso ha sido R e p i t o qué decir iml; écil no tiene importancia- -insistió la compareciente. -E n efecto- -interrumpió manifiesta ironía el magistrado cfue presid a 1 juicio y que le falló condenando á la lin triz, -decirlo no tiene importancia; pero oírlo, ¿D e modo c ue me condena usted, que he perdido el juicio? ¡Y menos mal si no lo ha perdido usted hasta este momento! -agregó el juez con ya evidente socarronería. Se acabó el pi occso del crimen de la calle de Tudescos. Este folletín, como el de las Aventuras de Rocamhole, ha tenido varias 3 artes. Nunca fueron buenas las segundas, dice el vulgo, si no lo son las segundas, menos han de serlo las terceras. Y ésta era la tercera del novelón del famoso y misterioso crimen. Las cuatro detenidas á raíz de la resurrección de las diligencias, quedaron en libertad. Todo el mundo queda en libertad... de ¡jcnsar lo que le parezca. P a r a c ue no se diga que carecemos de libertad de conciencia y de pensamiento. Continúa el avance teatral. Sostienen el fuego Price, la Zarzuela, Apolo, el Cómico, el Gran T e a t r o Todos usan armamento anticuado; pero se disponen á renovaido convencidos de que hace falta mucho Schneider para conseguir el triunfo, porque el público estar farruco. Sin embargo, hay gente valiente c ue se dispone á tomar á la bayoneta el Español. Los estrategas opinan que una vez dada la baialla y ganada en la Casa de la Villa, lo difícil para uien la gane será defender la posición. El domingo pasado de madrugada hubo un formidable incendio en la calle de Jorge Juan. Ardieron tm depósito de maderas y uina casa contigua. El servicio municipal para incendios cumplió admirablemente: los bomberos realizaron verdaderas temeridades, dernostrantlo su cu rojo y valor. ¡Unos héroes! Las bombas acudieron con rontítud: volaban más que corrían los caballos que las arrastraron. vSe empalmaron las mangas en un santiamén... Faltó un solo y pccjucño detalle: el agua. No la había por a uellas alturas. Cuando se dio con un buche de ella ara alimentar las uombas de vapor, el fuego i -il) ía hecho lo suyo. otro cólera morbo asiático con casi más ViCtimas uc las del terrible mal (jue veranea en Holanda y en Bélgica. L a gente del volante piicide la serenidad, y como decía días pasados ante nn juez de París mademoiselle l olaire, una bellísima actriz francesa, pierde el juicio. EÍlo fué uc á consecuencia de im accidente de su auto tuvo inias palabras con un representante de la autoridad, y le llamó im écil. VA e jiteto la ha costado caro. lilla juraba perjuraba que llamar imbécil á alguien no ofende. Se lo llama con frecuencia á sus criados, y ¡como si tal cosa! No es éste el caso (jue va por agua á la fuente se le olvida el cántaro; pero es nuiy s eme jante. ÁNGEL M. a CASTELL.